Un profeta

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Un profeta

A partir de los dos últimos trabajos del director galo Jacques Audiard (“De óxido y hueso“, “Dheepan“), la curiosidad me ha hecho buscar su película anterior, que parece ser un punto de inflexión en su carrera, por lo que representó la distribución y conocimiento de sus producciones, fuera del entorno minoritario que supone el peregrinar por los premios y festivales, sin una comercialización lo suficientemente extensa y potente.

La película titulada “Un profeta“, de 2009, es un drama carcelario narrado con crudeza. Crudeza que parece evidente que ha marcado un sello en su, hasta ahora, desconocido cine en el mercado español.

También ha resultado recurrente, el fijar su atención en la peculiar subsistencia de los colectivos inmigrantes, en un país, el francés, acomodado en una forma de vida poco amiga de los problemas.

En este caso, un muchacho nacido ya en Francia, pero de origen árabe, analfabeto, y sin apenas escolarización, quizás sea el que mejor represente el origen de la problemática, que supone la falta de integración migratoria procedente de sus antiguas colonias magrebíes, en el contexto más conservador y privilegiado del país vecino.

En el film, el joven, se verá severamente encarcelado por un delito de violencia callejera contra un policía, —representante de ese orden cómodo a preservar—. Ya en prisión, será de la población reclusa de quién precisamente asimile los únicos principios éticos, naturalmente delictivos, que marcarán su futuro.

El relato nos pone en evidencia de nuevo, el ineficaz sistema carcelario, verdadera universidad de delincuentes. A la vez, el hecho de que sus protagonistas provengan de clases desarraigadas, de inmigrantes incluso ya de segunda generación, nos desvela una pésima gestión en su integración, que termina, como lamentablemente estamos viviendo últimamente, con individuos y grupos organizados, que poco les importa ni su vida, ni la de los demás; carne del hampa, del terrorismo, del sectarismo más violento.

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Barriendo bajo la alfombra

El título, como profecía, paradójicamente no acaba de encajar tanto en la historia que nos cuenta, como en la realidad que estamos viviendo un lustro después. No sé si era la intención del director, pero acertó de pleno. Minorías que ponen en jaque a las mayorías, en su propia zona de confort.

En cuanto a las formas del film, además de un metraje excesivo, el estilo radical del autor, con su extrema violencia, acaba pareciéndose más a un thriller carcelario de mero entretenimiento, que al desenlace que supone el drama social de generaciones de inmigrantes, considerados históricamente ciudadanos inferiores. Quizás, desde mi punto de vista, las cosas explicadas sin tanta excitación escénica, podían acabar siendo más creíbles y que el espectador pudiera empatizar mejor con los personajes, a los que en todo momento se nos presenta con demasiada distancia.

Aunque vistos los trabajos posteriores del director, o bien es su forma de entender la comunicación, o bien las formas explícitas le están dando buenos resultados.

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