El buen amor

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El buen amor

En el año 1963, cuando Francisco Regueiro consigue rodar su primer largometraje “El buen amor”, el director vallisoletano se había incorporado ya a aquel círculo de cineastas, que procedentes en su mayoría de la mítica escuela oficial de cinematografía, iban a apostar por quitar la herrumbre al cine que acompañó durante la posguerra al gobierno franquista, y su propaganda nacional católica disfrazada de seudo folclore.

El film, como tantos otros de aquella camada de directores, donde una forma de rodar sobria, heredera del realismo italiano, quedaba al servicio de la gris y sombría descripción de una realidad aciaga, dejando poco lugar para ejercicios preciosistas. Para los jóvenes (y mayores) hoy, que no vivieron aquella realidad, puede resultar formalmente soporífera; solamente por su carga de Historia interesará a algún estudioso del tema.

Una Historia de esas que no viene en los libros de texto, que para conocerla hay que preguntar a quienes la sufrieron, buscar en la literatura maldita, o ver con la actitud adecuada este tipo de cine, profundo, tan lejos del vértigo de Hollywood y sus sucedáneos, y por qué no, tan aburrido para la mentalidad hedonista del estado del bienestar.

Regueiro nos cuenta en realidad, en aquel tiempo presente, cómo era la España de curas y militares, de represión y miedo, del tradicionalismo fanático, frente a una juventud que reclamaba su vida propia. Todo esto se desprende de la pequeña aventura, barata e inocente, de una pareja de novios universitarios, que pretende huir por un día de las miradas inquisitoriales de la capital del régimen, viajando hasta la cercana Toledo, capital de la iglesia. Si no quieres caldo, taza y media.

La película, vista hoy, como digo, su valor es más histórico que artístico, por otra parte, como lo pretendía su director. Una reivindicación social y política, con la que aquellos jóvenes se rebelaban —dentro de lo que cabía—, a un sistema de represión totalitario y violento, en todos los órdenes.

El buen amor (1963) Tren

Viaje al fondo de la Historia

Y esto me lleva a la reflexión sobre el cine contemporáneo, donde prima el entretenimiento y la vistosidad del circo tecnológico, con el único objetivo de la rentabilidad económica de la inversión. Nadie creo que dude, que la inmensa mayoría del cine que se hace —por no decir todo—, es concebido como una actividad empresarial (21% de IVA, por tanto), y con poco o nada de espacio para su faceta de arte, comunicación, o de reivindicación.

(Ironía ON) Será pues, que el mundo en que vivimos actualmente es tan perfecto que no necesita de demandas político-sociales y demás gaitas aburridas, como ocurría entonces, claro. Qué duda cabe, que donde esté una buena secuela de Batman, por ejemplo, que se quiten los soporíferos acorazados Potemkin, naturalmente. (Ironía OFF)

Y ahí estamos. Yo, personalmente, me vuelvo al siglo de las luces, al siglo del cine.

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2 comentarios en “El buen amor

  1. Algunas que otras buenas se hacen, con estudiantes, en operas primas; que luego ganan premios, le dan guita y ahí en la segunda peli se le ven las hilachas modernistas. JA!

    Y no estamos en épocas de demandar ni protestar, porque nos tienen sutilmente adormecidos. Lamentablemente.

    Le gusta a 1 persona

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