Capitalismo: Una historia de amor

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Capitalismo: Una historia de amor

Decir que este film es un documental de Michael Moore, resume cualquier cosa que se pueda decir de él. Efectivamente, con su habitual estilo, el director y activista norteamericano, expone con claridad meridiana aquellos puntos que no son de su agrado, dentro de uno de los sistemas que más abiertamente se fundamenta en la desigualdad económica de sus ciudadanos.

El documental es ya de 2009, en plena explosión (controlada) de la crisis de los mercados. Uno más de los que trataron de explicar al anonadado contribuyente, el porqué de su repentina ruina, si él no había participado en nada. Pero hoy, día de elecciones en USA, viene al pelo.

Ahora, siete años después, en plenos comicios estadounidenses, en los que los candidatos —dos, como siempre—, son o de derechas, o muy de derechas, resulta curioso comprobar como personas contestatarias, como Moore, calificado como comunista, antisistema, populista y yo qué sé cuantas maldiciones más; revisando sus trabajos, vemos que sus radicales reivindicaciones, no van más allá de una tibia socialdemocracia, similar a la que ha funcionado hasta hace poco en la Europa occidental.

Pero esa socialdemocracia, eurocomunismo, estado del bienestar, o como quieran llamarlo, parece que solo era un apaño, el punto medio, la síntesis dialéctica de la guerra fría, la tierra de nadie entre una Unión Soviética en la que el estado era sinónimo de poder absoluto, y unos Estados Unidos donde quienes mandaban eran los lobbies del dinero. Desaparecida aquella, la balanza no tiene contrapeso para poder deslizarse libremente hacia un totalitarismo capitalista salvaje, en el que “el que más chufla, capador” y donde “cada perro se tendrá que lamer su cipote”.

En su avance, por supuesto, uno de los objetivos, es acabar engullendo definitivamente ese consentido sistema intermedio, que ya no sirve como airbag, cómodo terreno de los menos codiciosos, de esos “mediocres” redimidos temporalmente de su destino final como carne de explotación, cuyos principios de solo “vivir y dejar vivir”, creían suficientes; ni riqueza desmedida, ni poder totalitario. Por lo visto, imperdonable falta de ambición emprendedora.

Este “supermartes” electoral, nos dirá simplemente a qué velocidad se desmontarán los derechos sociales —en aquellos lugares del mundo donde todavía quede alguno—, nada más.

Sanidad universal, educación igualitaria, justicia gratuita, ayuda a dependientes y desfavorecidos, jubilaciones dignas, rentas básicas, caminan hacia la desaparición. Porque sí, efectivamente se pagan con impuestos, y eso es de demonios rojos. A los más pudientes, a los que no necesitan que el estado, un estado, les posibilite una subsistencia digna, a esos, no les interesan los impuestos para nada… ni los estados tampoco.

Lo dicho, “que cada perro se lama su cipote”. Y a partir de mañana veremos si la lamida ha de ser con mayor o menor intensidad. Al fin y al cabo, una historia de amor onanista.

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(Película completa… mientras dure)

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2 comentarios en “Capitalismo: Una historia de amor

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