El olvido, la segunda muerte

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Mambrú se fue a la guerra

Han puesto estos días en televisión la ya antigua película de Fernando Fernán Gómez, como director y actor protagonista, “Mambrú se fue a la guerra“, estrenada allá por el año 1986. He leído algunos comentarios —escasos, porque el éxito fue escaso—, en el que se le calificaba como una comedia con poca gracia, o como una historia poco creíble. Cierto, ni la historia es una historia, ni mucho menos pretende hacer gracia.

El film se sitúa en un pueblecito de la España profunda, justo en el momento del fallecimiento del infausto generalísimo, esto es, 1975. En él, un viejo militante republicano ha permanecido treinta y seis años oculto en el sótano, para evitar las fatales represalias que repitieron impunemente los llamados vencedores tras la guerra civil. Solamente su mujer sabrá de su existencia, asistiéndole en sus necesidades físicas y químicas, esperando pacientemente un cambio de régimen.

El día en el que, por fin, el dictador murió (en su cama), la esposa desvelará a la familia la existencia del ya abuelo, escondido en las entrañas de la casa. La alegría y sorpresa del primer momento, por parte, tanto de la hija, yerno, y los ya adolescentes nietos, se irá tornando en problemas que no existían cuando se le suponía cadáver. El revocar la situación vital burocráticamente, o la pérdida de la pensión de viudedad que conlleva, y sobretodo el reconocer públicamente aquella ideología durante cuarenta años enterrada, irá cambiando la situación hacia el “renacido“, concluyendo que el pasado es más cómodo que esté muerto y olvidado, sobretodo olvidado.

Desde mi punto de vista, el film no es más que la figura simbólica de lo que fue aquel tiempo que hemos bautizado como transición. Un tiempo en el que “renacieron” aquellos que habían tenido que ocultarse en el exilio, Mexico, la Unión Soviética, Francia; o aquellos que con distinta suerte habían sobrevivido dentro del país,… y dentro de las cárceles. Camacho, Llopis, Pasionaria, Carrillo y un largo etcétera, pudieron salir de sus sótanos singulares.

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El pasado, mejor solo como mito

Pero solo eso, únicamente como símbolos de un pasado. Las nuevas generaciones de próceres tenían otros planes, y eligiendo entre la ruptura con el régimen fascista o una reforma consensuada, la opción moderada se impuso aplastantemente. Socialistas renunciando al marxismo, comunistas abrazando la bandera borbónica, republicanos al servicio de un rey que el difunto general había designado, fueron la señal para indicar que, efectivamente, el pasado y sus protagonistas era más cómodo que estuvieran enterrados y olvidados.

En tiempo de ruido de sables, la postura se puede entender como prudente, pero el film del que hablamos está fechado diez años después, con la suficiente perspectiva histórica como para convertirlo en un reproche al inmovilismo, en el que se empezaba a enquistar un proceso que debería haberse tomado como transitorio. Ya nadie volvió a preguntar por los principios políticos de un pasado, que unos quisieron olvidar y otros obligaron a no recordar.

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Los muertos tampoco cuentan

La comodidad del poder sin ningún cuestionamiento llevó inevitablemente a la corrupción y el nepotismo, a la profesionalización de unos políticos cuyo único fin que hoy entienden es la propia subsistencia, y donde los viejos ideales están mejor enterrados.

De nuevo según mi opinión, Fernán Gómez, en este film, tiene ya una temprana visión de lo que se desarrollará durante otros cuarenta años. Parece una comedia negra, pero es más una denuncia; parece una anécdota pero es una alegoría del olvido, hacia quienes en su momento, hubieran podido obstaculizar cualquier tipo de codicia.

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6 comentarios en “El olvido, la segunda muerte

      • Si? en serio crees que para siempre? yo tengo la esperanza que algunas ideas sean algo cíclicas y vuelvan. Así como vuelven tantas cosas malas, podrían volver las buenas también. Pero es cierto que las nuevas, sumadas a la tecnología, no por el avance sino por el consumismo, pueden dejar un brecha de ideas grande. Esperemos que el ser humano, evolucione en algún momento. No lo veremos nosotros, eso esta claro.

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        • Será otra cosa, el pasado no vuelve, esperemos que los nuevos, los más jóvenes, corrijan las desigualdades que están implantándose a toda prisa. Pero si votan a Trump mañana… mal lo tenemos el resto del mundo. Bueno mal ya lo tenemos, más correcto sería “peor”.

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  1. Todo son miedos, miedo del que se esconde, miedos de los que están con él cuando aparece, miedos de los políticos, miedos de la gente cuando vota y suma y sigue hasta nuestros días. Por eso estamos donde estamos. Aunque a nadie se le puede pedir que no tenga miedo y sea un héroe. Las miserias humanas.

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