Al escondite inglés

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Un, dos, tres, al escondite inglés

Corría la década de los sesenta, el país olía a rancio, el sol era gris, y cualquier atisbo de evolución tenía que pasar por misa. En este contexto, comenzó a llegar de forma medio pirata, la influencia de una música y de una nueva actitud de la juventud, sobretodo británica. Poco a poco, los jóvenes fueron identificándose con una revolución cultural y estética, que rompía con el más austero conservadurismo, naturalmente, con gran disgusto de nuestros inmovilistas próceres. Y aunque el cambio en principio solo fuera evidente en los hijos díscolos de las clases que se lo podían permitir, no tardó en extenderse a los jóvenes de los barrios obreros. Milagros de la radio y cuatro atrevidos programadores musicales.

Anoche pusieron en televisión una de esas películas que habías medio olvidado, de las que ya creías que habían desaparecido, ya que por su temática responden a una coyuntura temporal muy concreta, y por otra parte, su calidad de ópera prima, cargada de buenas intenciones, pero falta de oficio, y no digamos ya de presupuesto, no las hacen acreedoras de muchos laureles.

Era finales de la década, un incipiente mercado juvenil estaba ya en marcha. A esta época pertenece el film, “Un, dos, tres, al escondite inglés” —título no casual—, dirigido por un jovencísimo e irreconocible Iván Zulueta,. La película pretendía ser solo eso, una aproximación a un movimiento renovador que en el resto del continente llevaba ya años desarrollándose (aquí siempre tarde).

Visto desde hoy, más de medio siglo después, aquello puede parecer naif y superficial, sin duda, pero como dice el proverbio “el viaje más largo comienza con el primer paso”. Se puede tachar formalmente la película como mediocre copia de los alocados musicales de Richard Lester con los Beatles, y acertaríamos de pleno; se le puede tachar de oportunista, pero es que era entonces la oportunidad; se le puede tachar de falta de calidad técnica, porque en realidad, tenía muy poca; o también de que ha envejecido mal, pero como yo, como todos. Aunque lo que no se le puede negar es valentía, en un contexto político de máxima represión, donde todo lo que no respondiera a la sacrosanta reserva espiritual de occidente, era inmediatamente boicoteado desde las altas instancias del poder dictatorial.

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Quién te visto y quién te ve

Y el film, justamente arremete en fondo y forma contra lo establecido. En este caso le toca al sistema de festivales, fabricados a medida de un pasado y unos intereses ya caducados (Eurovision como ejemplo, que por cierto, ahí sigue). A su vez, en forma de lo que podrían ser unos incipientes videoclips con estética pop de importación, sirve para reivindicar a los grupos musicales más vanguardistas para la época, que habían apostado por la ruptura con la obsoleta idea de la música patria, asimilando como suyo el sonido que venía de más allá de los Pirineos (o sea, del más allá).

Nada original, ni en el film, ni en la música. Discípulos del sonido y la estética beat, copias con más o con menos acierto, sí que es de justicia reconocer el mérito de ser los primeros y los más arriesgados (aquí). Aunque ahora, a quienes no estuvieron en aquel precario entonces, esta historia les provoque una sonrisa, esperemos que sea de condescendencia al menos. Para algunos nuestra sonrisa solo puede ser de nostalgia.

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5 comentarios en “Al escondite inglés

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