Mustang

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Mustang

El mundo se mueve, aunque probablemente hacia ningún lado, siempre habrá algunos que estén convencidos en su inmovilismo. Las personas, las civilizaciones, cambian en las formas de entender los roles de cada uno; esos roles que, al final, nadie sabe a ciencia cierta para que sirven, a poco que se les cuestionen.

Ahora bien, el opinar desde un lado del mundo, sobre la forma de entender la vida en lugares lejanos y desconocidos, de sus tradiciones o de sus costumbres, además de petulante, resulta absurdo. Pero si quien opina es alguien que ha nacido y ha vivido inmerso en aquella situación, casi mejor que lo escuchemos.

El film “Mustang”, una producción económicamente francesa e ideológicamente turca, está dirigido por Deniz Gamze Erguven, y este nombre extraño para nosotros corresponde a una mujer. Una mujer que opina de la cultura de su país y de la situación de las mujeres desde dentro de sus propias tradiciones.

Sin estridencias militantes, amablemente pero de forma contundente, nos relata un cuento; un hermoso y crudo cuento sobre cinco hermanas adolescentes, y una abuela, y unas vecinas, y unos hombres muy en su papel, y algunos menos en su papel. Nos habla de la misoginia, de un patriarcado fundamentalista, de algo que por aquí nos puede sonar a trasnochado, pero que quizás lo deberíamos repensar un poco. Que en todos sitios cuecen habas.

El film muestra el paso desde la felicidad inocente en la infancia de unas niñas, a la humillante sumisión de la esposa adulta. De la desaparición —por arte y gracia de la tradición moralista— de la libertad; nos cuenta también de la camaradería entre las mujeres recluidas en su hogar/cárcel; de un concepto del honor hipócrita, visto desde la cultura occidental… y también para la directora turca; y finalmente, de la revolución que cada una de las protagonistas debe afrontar a su manera.

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De aquí…

Un amargo y bello cuento sobre cuyas reivindicaciones, que por la distancia, tanto física como cultural, por puro desconocimiento o por respeto, poco podemos hacer, salvo escuchar. Pero de lo que no nos puede caber duda es de su legitimidad, cuando lo firma una mujer hablando de las mujeres de su propio pueblo. Un amargo y bello cuento que abre las puertas a la esperanza de una juventud con ideas nuevas, recibidas en el metafórico abrazo final con la educación.

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… a la eternidad, sin mirar muy lejos

Hay tradiciones, que seguramente fueron vanguardia en su momento, que están para respetarlas encerradas en los estantes de la historia, nada más.

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