Tres visiones de la pederastia

Spotlight

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Spotlight

Un tema recurrente en el cine, pero sólo de vez en cuando, es el de la pederastia. Un asunto desagradable, de esos que preferimos ignorar. Ocurre a menudo, cuando el film va dirigido a desempolvar cualquiera de esas miserias que abundan sin resolver en nuestra cultura, que nos ha dado por llamar civilizada, (y lo más grave es que nos lo creemos).

La película que ahora se estrena por aquí, “Spotlight”, del norteamericano Thomas McCarthy, resulta a la vez valiente y engañosa, pues si bien el argumento central son los abusos sexuales cometidos con menores en el seno de la iglesia católica, su desarrollo la convierte en el clásico filme de investigación periodística, de carreras por los pasillos, teléfonos permanentes, contactos misteriosos, y de gente muy trabajadora y profesional, con una ética impecable… algunas veces. Dejando el punto de vista y el protagonismo a los reporteros, la historia acaba relegando casi a un segundo plano el sórdido asunto de la iglesia. Muy prudente.

No sé si será por no molestar demasiado a la secular institución, al público sensible que prefiere no ver lo que no quiere ver, o es solamente cuestión del marketing más conservador. Eso de formar un tándem malo/bueno, entre la corrupción y los abnegados héroes justicieros, resulta un esquema bastante gastado.

No obstante, salvando las formas tan propiamente americanas, el planteamiento de una situación que se repite en todo el mundo, ya de por sí, resulta plausible. Si además se insinúa valientemente que estas prácticas abusivas, no son casos aislados, y se trata de probar que es una tendencia sistémica en la iglesia, el film queda plenamente justificado.

Aunque, vuelvo a repetir, el protagonismo lo centre el periodismo y no la pederastia, que en el fondo queda como excusa secundaria, cuando debería ser todo lo contrario… a mi modo de ver, claro está.

El Club

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El club

El mismo tema, distinto enfoque. Esta vez el film, coetáneo del anterior, viene de Chile, de la mano del incisivo Pablo Larraín (“No”). Como el anterior comentado, ninguna escena explícitamente escabrosa. Pero los diálogos, sí, claros y concisos.

La perspectiva que elige Larraín en “El Club”, va un paso más allá de la investigación de los hechos materiales, y el protagonismo lo traslada a los propios sacerdotes pederastas. El discurso se centra en un grupo de ellos, recluidos en un remoto lugar, aislados del mundo, donde la iglesia agrupa —o mejor, esconde— a los protagonistas más problemáticos, a modo de retiro discreto y perpetuo.

Con una producción, naturalmente precaria, el talento del director tiene forzosamente que tomar clara partida. Así el film se encarga de poner en evidencia, no solo los hechos, sino las mentes de los personajes allí reunidos. Cinco sacerdotes y una monja a su cuidado, más una de las víctimas, ya adulta, cuya aparición imprevista provocará la crisis en el grupo.

El conflicto en tan singular congregación, abrirá una investigación por parte de los estamentos eclesiásticos superiores. La conclusión del mismo: seguir dejando escondida en la cueva a una bestia sin solución.

El film acaba presentándonos una triste humanización de estos monstruos, víctimas a su vez de una institución que toma la represión como herramienta infalible para solucionar el problema, ignorando los instintos más primitivos que todo ser humano conservamos. Una represión que acaba creando seres inadaptados, irreconocibles por ellos mismos, que a su vez inician a sus traumatizadas víctimas en una espiral sin retorno.

Si bien las imágenes son austeras, aunque lo suficientemente sórdidas, los diálogos no reparan en diplomacias. La sensación que produce el film es la de verdadero terror. Terror y asco a una realidad que está ahí al lado, encerrada en ritos y costumbres antinaturales, que acaban en marginación, locura, muerte,…, que le puede tocar a cualquiera, pero que, a quienes la suerte nos sonríe, nos apresuramos a no mirar.

No tengas miedo

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No tengas miedo

También, hace ya cinco años, Monxto Armenderiz (“27 horas”, “Secretos del corazón”), abordó el problema de los abusos sexuales a menores, en su valiente film “No tengas miedo”. Al igual que el anterior trabajo chileno comentado, estamos ante una película de bajo presupuesto, en la que la trama, el guión y la propia dirección, están obligados a suplir una escenografía epatante, o un reparto más ambicioso.

El enfoque en este trabajo se desplaza ahora al punto de vista de la propia víctima. Obvia el conflicto eclesiástico de las anteriores, y se centra en los abusos dentro de los círculos más próximos, como es la propia familia. Una de las situaciones descritas por los afectados como más habituales.

Los protagonistas, una niña con una traumática experiencia desde la infancia hasta la juventud, y seguramente, más allá; un padre frío, introvertido y evidentemente enfermo, del que poco sabemos (“esa es otra película” en palabras del propio director), y una madre a la que le resulta más cómodo ignorar la realidad y huir del escenario.

El planteamiento del director vasco, trata de ser lo más sutil posible, pero la propia historia y la magnífica interpretación tanto de la protagonista Michelle Jenner, como de las niñas que la interpretan en su infancia, hacen imposible que su visión resulte cómoda, y que la rabia, la impotencia y la nausea, sean las reacciones más comunes en el espectador.

Así pues, el film universaliza el problema, complicándolo fuera de explicaciones sencillas, como las aplicadas en el caso de la iglesia, con su absurdo celibato, que si bien, evidentemente multiplican el riesgo, no lo convierten en foco exclusivo.

No hay excusas ni explicaciones racionales. Todos somos animales víctimas de nuestras propias contradicciones.

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