La chica danesa

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La chica danesa

Resulta evidente que el director británico Tom Hooper, sabe perfectamente el producto que quiere mostrar y a quién se lo quiere mostrar. Más dirigido a un mercado conservador, que gusta de una estética elaborada que suavice historias y anécdotas incómodas, de esas del cartel “basado en hechos reales”. Muletilla, por otra parte, que me parece demostrar una falta de seguridad en el propio trabajo, y que por otra parte, supongo que a estas alturas, ya nadie se cree.

Su último trabajo “La chica danesa” (The danish girl), responde a todos los clichés de su filmografía. Estética cuidada, fotografía glamurosa, una supuesta biografía, y un tema lo suficientemente curioso como para hacerlo atractivo —o morboso— al gran mercado.

Aquí el tema en cuestión es el de la intersexualidad, particularidad cromosómica que hace que la persona que la padece, posea características tanto femeninas, como masculinas en distinto grado. Hoy en día, esta situación, lejos de ser aceptada como tal, es tratada con cirugía y farmacología, tendientes a eliminar en el individuo los atributos propios de uno de los dos sexos. Lo que vulgarmente llamamos transexualismo.

El tema no es nuevo en el cine, y si bien en algún otro trabajo, el tratamiento ha pretendido profundizar más en el conflicto físico y emocional (“XXY” por ejemplo), aquí Hooper se queda en la superficie, dejando todo muy bonito, muy pictórico y muy cursi, no se vaya a escandalizar el público soberano.

Sí hay que destacar el respeto, como no podía ser de otra forma, hacia este fenómeno genético, poco conocido, científica y socialmente. Un respeto que se hace más evidente al ubicar acertadamente el relato en una época de principio del siglo pasado, en el que la intolerancia a la diversidad sexual, tanto médica como social, se parecía más a la caza de brujas, que a la tolerancia.

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Pinturas de fantasía

Un producto solo correcto, en el que un ritmo excesivamente pausado, hace que no avance la historia en toda su primera hora. Más preocupado de la estética que de la ética y enfocado a los grandes premios festivaleros, no creo que pase a los anales de la historia del cine… ni a la historia del año que viene siquiera.

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