Un día perfecto

Un día perfecto

Un día perfecto

Si el humor puede ser ácido, éste es sulfúrico. Fernando León de Aranoa, siempre comprometido en su filmografía, la que por cierto, parece ir a destiempo en sus trabajos más emblemáticos. Si en aquella magnífica “Los lunes al sol” (2002) sintetizaba la tragedia del desempleo, justamente cuando aquí no había desempleo (luego nos ha sobrado), con “Un día perfecto” firma uno de los mejores relatos de la guerra de los Balcanes, cuando hace lustros que la historia parece que ha caducado y ya no vende en el mercado.

Esto solo es ironía, porque la tragedia de los Balcanes, de Siria, o de cualquier otro sitio, está siempre en plena vigencia, lamentablemente, mientras la industria de la guerra sea la primera en rentabilidad económica.

El guión, basado en la novela de Paula Farias, es ambicioso, y en las numerosas lecturas que se entrecruzan en el mismo espacio, nos da idea de la complejidad humana en situaciones extremas. Aquí, cada uno tiene su problema y su solución. Irónicamente los protagonistas son “cooperantes“, incapaces de poder cooperar, que se desenvuelven entre las tropas de “pacificación” de los cascos azules, que tampoco pacifican, y un pueblo que ha perdido —le han hecho perder— cualquier capacidad racional, que ya solo odian y odiarán por generaciones.

El director, además de condenar la barbarie de las guerras, cáusticamente pone en entredicho la labor de las organizaciones humanitarias, más eficientes como catarsis para los conflictos personales de sus propios integrantes, que para aportar ayuda significativa en una tierra y en una cultura que desconocen absolutamente. En cuanto a esos “ejércitos de salvación” azulados, el negocio y los intereses políticos resultan evidentes.

- Y ustedes ¿dónde van?

– Y ustedes ¿dónde van?

El hilo argumental, la recuperación de un pozo de agua potable, no es más que una primera excusa sin importancia, para reparar seguidamente en los problemas individuales de sus supuestos protagonistas, cada uno con su aventura personal. Al fondo, los verdaderos personajes principales: los civiles sufriendo la sinrazón del conflicto, las ciudades destruidas, los pueblos divididos por el odio, los muertos; un enfrentamiento, que como todos, nadie quiere saber como empezó, ni quién lo empezó, ni quién lo continuó, pero que todos lo sospechamos.

- Por aquí, pasando el día.

– Por aquí, pasando el día.

Las escenas más aterradoras, se entremezclan con una ironía corrosiva, y unas interpretaciones de lujo (Benicio del Toro, Tim Robbins), que nos hacen más digeribles unas situaciones inconcebibles, pero absurdamente cotidianas.

León de Aranoa nos demuestra que para dejar en ridículo a media humanidad —los malos y los que van de buenos—, le sirven los conflictos bélicos de cualquier tiempo y cualquier lugar,… que hay muchos.

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