Cine de verano: Operación Ogro

Operación Ogro

Operación Ogro

Seguramente (seguro), será solo un negocio para lucro de unos pocos productores y distribuidores (uno en realidad), pero la televisión pública suscribió un acuerdo para poner en pantalla seiscientos títulos del cine español, que andaban llenándose de polvo en las estanterías de algún almacén olvidado. La emisión diaria en prime-time, personalmente me parece un suicidio, suficiente como para acabar aborreciéndolo. Algo más dosificado y estructurado creo que hubiera sido mejor opción. Pero en fin, es mi opinión y los negocios son los negocios, aunque más vale pecar por exceso que por defecto.

Hoy o ayer, me encontré que ponían la coproducción italo-española “Operación Ogro”, del director transalpino Gillo Pontecorvo, destacado militante del cine político radical. El film relata de forma partidista –como no podía ser de otra forma–, la recreación del atentado en diciembre de 1973, que acabó espectacularmente con la vida del almirante Carrero Blanco, jefe del gobierno y posible sucesor del general Franco. La película no da para más allá del clásico panfleto, que además hubo de ser revisado y edulcorado antes de su estreno en 1979. En este año, el general ya había muerto y el proceso llamado de transición, estaba en pleno desarrollo.

El hecho de que la ejecución del atentado fuera atribuida a la organización vasca ETA (¿solos?), y ésta, por las fechas del rodaje estuviera en proceso de división, entre los partidarios de una integración política, una vez desaparecido el dictador, y otra facción partidaria de continuar la lucha armada hasta la consecución de la independencia del País Vasco, hacía que la visión épica de la operación unos años atrás, cuando la situación era muy diferente –o solo diferente–, se convertía especialmente problemática para la gestación del nuevo proceso democrático. No era para echar flores a nadie.

Aunque si poco se podía hacer en aquellos finales de los setenta, se hizo. El propio proceso en sí mismo, y sobretodo la propaganda, lo hicieron modelo de transición sin violencia (solo aparentemente). Vista la película desde hoy, más que cinematográficamente, interesa como reflexión de dónde estábamos, cómo hemos evolucionado y dónde hemos llegado, tanto en política en general, como en los conflictos independentistas en particular.

Carrero ayer

Carrero ayer

Pero lo cierto es que de aquello han transcurrido otros cuarenta años, tiempo suficiente como para corregir y consolidar lo que en su momento quedaba pendiente de que vinieran tiempos mejores. Es mi opinión, que hemos pasado casi cuatro décadas durmiendo en los laureles, adormecidos por un mal llamado “estado del bienestar a la europea”, que nunca acabó de llegar. Parafraseando a Marx (Groucho, naturalmente) resumiríamos que: “partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria”.

La anestesia de una amplia clase media (que para eso está), ha venido ocultando la creación de una nueva oligarquía con unos, o bien nuevos, o bien remozados, poderes fácticos; un inmovilismo ciudadano, que se ha acomodado en un consumo superfluo, en una cultura tecnológica que ha ignorado sistemáticamente el humanismo, y en una ética más que superficial, conformando un tejido social que ha hecho oídos sordos a la corrupción moral y económica de aquellos que, tiempos atrás, parecían otra cosa.

Decisiones equivocadas –o impuestas–, intereses particulares y partidistas, una evolución nula con el fin de perpetuar una situación que se debería haber considerado como eventual, ha hecho buena la frase de no sé quién: “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

'carrer' hoy

‘carrer’ hoy

Hoy se cuestiona aquel momento, calificándolo de engaño, de cobardía, y de traiciones arribistas. Los que vivimos entonces podemos entender que el margen de acción fue realmente escaso, y el ensañarse ahora con aquel momento histórico, puede considerarse de una visión pobre de la realidad, dirigida a conseguir réditos políticos inminentes por las nuevas generaciones de candidatos a gobernantes, con ganas de ganarse el puesto, justo el mismo puesto de quienes reniegan.

Ahora nos encontramos con una masa social joven, a la que el neoliberalismo salvaje trata de cobrar los pequeños logros de bienestar, que en otro tiempo fueron utilizados como amortiguador de la clase trabajadora, con el fin de frenar al enemigo que venía del mapa soviético. Hoy ya fracasado y desaparecido ese enemigo, ya no son necesarias estas medidas, basta con formar dóciles elementos productores y fanáticos consumidores. Así que hay que devolverlos urgentemente al umbral de pobreza necesario para pagar con las plusvalías de su trabajo, el mantenimiento del estatus de los poderosos de siempre. Ya no tienen que andar con concesiones y remilgos socialdemócratas.

Todo muy a lo Milton Friedman: la sumisión a través del miedo. Pero quizás no se haya tenido en cuenta, que a veces, solo a veces, el miedo se acaba. Cuando ya no hay nada que perder, las amenazas no sirven, entonces es el momento en que caen los imperios. Lo dice la Historia.

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2 comentarios en “Cine de verano: Operación Ogro

  1. Está claro que TVE, la 2 en concreto, no afina mucho en eso de hacer una programación con algo de sentido común. Quizá es lo que tiene el ser medio funcionario, que te da igual lo que pongas, porque como no vives de los anuncios ni de la audiencia… Realmente se agradecería, como dices, un cierto orden y algo menos de concentración.
    De lo demás mejor no decir nada. Se hizo lo que se pudo, se podía haber hecho mejor (bastante mejor) y hay cosas que ahora tienen muy mal arreglo (pero que muy malo).

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