Mandariinid

Mandariinid

Mandariinid

Vuelve a ser reconfortante comprobar que para hacer buen cine, ni hacen falta fortunas, ni estar en la pomada del primer mundo. “Mandariinid“, o “Tangerines“, o simplemente “Mandarinas“, es un film estonio, o georgiano, o algo así de lejano y extraño, de esos que nos parece, que porque tengamos que buscarlos en el Google Maps, no van a saber que es esto del séptimo arte.

Y no, el director —más que desconocido— Zaza Urushadze, nos da una lección de austeridad y contundencia. Con cuatro actores y una única localización, filma un alegato antibelicista, capaz de poner el vello de punta al más bizarro.

La acción discurre en una de esas guerras desconocidas, en las que se reivindica la Historia con mayúsculas, la patria, la religión y cosas así de absurdas. Donde en un minúsculo territorio, de un pequeño país, alguien decide que deben independizarse de alguien, y donde, invariablemente, la decisión siempre acaba en conflicto.

El tema del film no es nada nuevo, dos soldados contrincantes se encuentran en una situación extraordinaria, en la que deben convivir como personas y no como combatientes, donde las balas se cambian por palabras y el fundamentalismo por tolerancia, el resultado ya se puede intuir.

Una guerra de nadie“, dice alguno de los personajes, no, todas las guerras son de alguien: del comercio de las armas, del gas, del petróleo, de las materias primas, o de la propia industria alimentaria, siempre camuflados detrás de alguna ideología irracional. Los damnificados, la masa manipulada e intransigente de una sociedad aborregada; al final, verdugos y víctimas a la vez.

Cierta utópica catarsis

Una cierta utópica catarsis

La película desprende una filosofía de misantropía por un lado, al referirse a los grupos fanáticos por su lucha; y por contra, el relato se torna felizmente en utópico, al relatar la relación entre individuos. Lástima que como se dice en otra frase del film: “todo en el cine es mentira“. Aunque en muchos aspectos —los peores— se parezca mucho a la realidad.

¿Las mandarinas?, parece que solo representan el imparcial paisaje de la vida, que ambos bandos pretenden dejar morir, en nombre de algún demagógico principio.

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9 comentarios en “Mandariinid

  1. Con lo que cuesta, tener un buen año de cosecha!
    Genial reseña, genial película!
    Quiero creer que no todo el cine es mentira ¿no? utópica me dicen a veces, ingenua, otras. Yo quiero creer que cosas así, pueden pasar en medio de tantas atrocidades que se viven.

    Me gusta

  2. Pingback: Tierra de todos | Angel Lapresta: Un cinéfilo del siglo XX

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