La isla mínima

La isla mínima

La isla mínima

Precedida de un gran despliegue publicitario, una recaudación importante, y todas las nominaciones del mundo a los premios de por aquí, mis perspectivas de ver algo interesante parecían escasas (prejuicios). Había visto del director andaluz Alberto Rodriguez dos de sus trabajos más difundidos, “7 vírgenes” y “Grupo 7“, con las que se defendía muy dignamente, dentro de un presupuesto de los que recomiendan ponerse la etiqueta de “indie“, y por las que tenía depositadas en él unas fundadas expectativas.

Esta última película sin embargo, “La isla mínima“, y visto lo visto, parece que la asignación económica ha sido espléndida (dentro de lo que cabe, claro), lo que ha obligado al director a plantearse algo más allá del ingenio. Pero parece que se ha planteado de todo, menos ingenio.

Ambientada en la época de la transición política —no sé porqué—, un par de policías se trasladan a la zona de las marismas del Guadalquivir, para investigar la desaparición de dos muchachas… y la investigan… y ya está. Sobran totalmente unas trasnochadas referencias al pasado de algunos elementos de la policía, que tuvieron que lidiar entre un antes y un después. Y no es por revisionismo, es porque eso es de otra película, por cierto mucho más seria.

La trama se ciñe a un thriller totalmente clásico, porque el estar rodado en las marismas no le otorga ningún plus especial de vanguardia; pero el guión no avanza, gira en torno a situaciones repetidas, lo que se puede decir en dos planos, aquí se utilizan veinte secuencias, (de la situaciones absurdas ni hablamos, porque son de las que abundan en este género); y la dirección quedaría muy correcta para un episodio de cualquier serie televisiva de media hora, pero algo más de noventa minutos, aquí, al sevillano se le hacen muy largos. En una película que solo se pretende entretener no se puede fallar también en el ritmo escénico, que no solo se compone de alocadas carreras de coches.

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¿Cual es el atractivo pues del film?. Uno solamente. La localización, las marismas, perfectamente fotografiadas, que con su apabullante encanto se comen al resto de la película. Parece como si el objetivo encargado al director, hubiera sido el de confeccionar un documental del paraje para la segunda cadena de televisión. El despliegue de medios para captar la belleza del entorno natural, hará las delicias de cualquier amante del medio ambiente,… o las críticas de los ecologistas más puritanos. Pero no hay más.

Ni es el primer director, ni supongo que será el último, que en condiciones precarias, echando mano al ingenio, se desenvuelve de forma más que correcta, ofreciendo productos sencillos, pero que llegan al espectador. La puesta a disposición de medios —y miedos— más cuantiosos, exige una responsabilidad en el retorno de la inversión, que quizás acabe originando un problema de prioridades. ¿Un error artístico o un acierto comercial?.

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4 comentarios en “La isla mínima

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