Birdman

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Vuelve a sorprender la capacidad creativa del mexicano Alejandro Gonzalez Iñárritu, dando una vuelta de tuerca más a su brillante carrera, bien junto a Arriaga, bien en solitario en sus últimas películas. Sorprende también el giro minimalista —o aparentemente minimalista— de éste su último trabajo, “Birdman“, al prescindir de los numerosos recursos escénicos habituales (véase “Babel” como ejemplo), para concentrarse prácticamente en un solo escenario. Y digo aparentemente, porque ese único escenario, Iñárritu lo utiliza del mismo modo que todas sus aparatosas escenografías: de una forma apabullante.

El film gira en torno al mundo del teatro, sus miserias, sus neuras y sus neuróticos. Sin dejar atrás la eterna rivalidad del “culto” Nueva York, frente al “superficial” Hollywood (teatro/cultura vs. cine/negocio). Fiel a esta idea, quizás la película debería estar rodada de esa forma clásica que despectivamente llamaríamos “teatro filmado“. En este caso, el director rompe con los esquemas de esta manera de trabajar, y sin salirse de unos parámetros dados, nos descubre una dinámica totalmente novedosa. El ritmo, encerrado únicamente tras las bambalinas neoyorquinas, nada tiene que envidiar al más trepidante thriller hollywoodiense.

Aunque sin duda, el objetivo prioritario del mexicano, invariablemente resulta ser la provocación a través de la imagen, siempre apoyada en temáticas conflictivas, que en realidad solo son la excusa para epatar al espectador. En “Birdman” sigue fiel a su estilo. Afronta el conflicto de un actor cinematográfico encasillado en unos trabajos muy comerciales, que en el declive de su carrera, tratará de redimirse a través de un proyecto ambicioso, dentro del prestigioso mundo del teatro de Broadway.

to be

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Con su peculiar estilo violentamente directo, Iñárritu, irá descubriendo las falsedades del banal mundo que rodea la aburguesada cultura en la meca de la escena norteamericana. Si bien, a través de la neurosis del protagonista, no dejará indemne tampoco al cine más comercial, señalado abiertamente como infantil y manipulador. Tampoco se escapan al sarcasmo del director los espectadores, tanto de unos como de otros. Y espero que se incluya también a él mismo.

Aunque, en el fondo, todo este argumento bien estructurado, —en el que pierde un tanto los papeles en un tramo final no excesivamente acertado—, solo es la excusa para ofrecernos una exhibición cinematográfica, con una puesta en escena que desarma los prejuicios entre cine y teatro, a los que habitualmente asistimos.

or not to be

or not to be

Rodada en un único —trucado, pero efectivo— plano secuencia, con unas calculadas interpretaciones tan sobreactuadas como exige la “sobreescenificación” del director; una dirección artística perfecta y un score de percusión estupendo, hacen del film un auténtico espectáculo digno del propio Broadway… o del propio Hollywood, sustancialmente, poco cambia. Solo es eso, un espectáculo.

that is the question

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