Conducta

Conducta

Conducta

Justo estos días estamos sorprendidos, unos porque sí y otros porque no, ante el anuncio por parte de los omnipotentes Estados Unidos, del cese del bloqueo económico a su vecina Cuba. Una postura que después de sesenta años a mí se me antojaba un poco fuera de lugar, pero que, me temo, nos la van a vender como la panacea política entre un desgastado presidente norteamericano y el pontífice “pico de oro” argentino/romano.

Casualmente —o no, que uno es un descreído—, la precaria, desconocida e ignorada industria cinematográfica cubana ha lanzado, justo ahora, una producción de 2012 que parece va ha ser presentada en los premios más conocidos (Oscar, Goya, etc.). Eso. Casualidad.

La referida película, que debería contribuir a una medio digna reconciliación diplomática, es la titulada “Conducta” (vaya nombre para ir limando asperezas), del director Ernesto Daranas, del que, naturalmente nada sé.

Sorprende, que ese proselitismo —tanto hacia un lado, como hacia otro—, el cual suele impregnar el poquísimo cine cubano que nos llega, en este filme, trate de quedar sutilmente en un segundo plano, y se centre en mostrar un tema realmente universal, como es la educación de los niños con problemas de adaptación social. Un tema nada novedoso que, a bote pronto, me recuerda a los hermanos Dardenne o Susanne Bier, por citar trabajos recientes con cierta similitud.

Cada uno lo aborda con su filosofía, su sensibilidad y sobretodo su optimismo o pesimismo, siempre desde sus circunstancias. En este caso, como buena película cubana, la esperanza es el principal ingrediente; eso sí, detrás del velado discurso político, a medias entre crítico y orgulloso, y que la falta de información fidedigna por estos lugares de lo que allá ocurre, nos lo hace tomar con cierto escepticismo.

mucha paloma

mucha paloma

Aparte de la consabida visión hermosa pero humilde, de una Habana presentada como víctima del sistema capitalista, la historia se hace excesivamente previsible, y lo que es peor, poco y falsamente emotiva. La carga política —no sé si oportunista o estudiadamente oportuna—, supera a la carga humana, que debería impregnar la relación de un niño abocado a la delincuencia, con una madre arruinada por el alcohol y las drogas (¿apuntamos a la precariedad del sistema también?), y la figura de una madura maestra curtida en la educación de los jóvenes más problemáticos.

Metáforas incluidas, todo el enfoque me recuerda continuamente esa propaganda política, camuflada de drama social, que me rechina personalmente, precisamente por ese carácter de pretendida y fallida subliminalidad, sin abordar directamente la denuncia del color que sea. Será mi problema con las obsesiones compulsivas.

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5 comentarios en “Conducta

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