Dos días, una noche

Dos días, una noche

Dos días, una noche

Es una obviedad que el mundo occidental —burdo eufemismo de capitalista—, está pasando por una profunda depresión, que quizás llegue a ser la última. Y como de costumbre, cuando las desgracias aprietan, siempre caen del mismo lado.

No es la primera, pero quizás sí sea, la primera que la gran mayoría nos estamos quedando inertes, mirando cómo pasa a nuestro alrededor… hasta que nos arrolla. La “clase media” dócil y adormecida (que para eso se creó), sin ningún tipo de principio que no sea puramente material, espera paciente, con sus ansiolíticos y antidepresivos, que se resuelvan los problemas de sus “señores”, para poder seguir disfrutando de su “caritativa protección”.

Y refiriéndonos al cine, que ha constituido uno de los cauces históricamente reivindicativos, ¿alguien ha visto últimamente a la gente de la profesión, protestar más allá de la cortedad de sus ingresos? ¿o de esa propaganda gratuita que llaman piratería? ¿o los altos impuestos por no ser consideradas sus bazofias comerciales como cultura?. Pocas, porque esa es la única ética que conoce la mayoría. En algún tiempo hubo otra.

De los pocos que conservan ese resquicio de moral —para el mercado, cine aburrido y populista—, quedan los hermanos Dardenne, que con un estilo directo y sobrio, nos recuerdan de vez en cuando la esencia de las personas, que no es precisamente el poder adquisitivo para un consumo inútil y compulsivo.

y ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde

y ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde

En su última película “Dos días, una noche” (Deux jours, une nuit), nos presenta un caso demasiado habitual. Una pequeña empresa apuesta porque la solución a su cuenta de resultados pasa por despedir a una persona. A cambio, al resto, les premiará su complicidad con una (miserable) prima, por la producción extra que deberán realizar. Y ya de paso quedan advertidos de donde está la puerta.

La historia en sí, es lo suficientemente contundente como para mover conciencias de trabajadores anestesiados. Pero va más allá. Los Dardenne llevan a esas personas, acomodadas en una engañosa “sociedad del bienestar”, a una situación límite —el compañero, o el dinero—, en la que queda patente, de una forma totalmente comprensible, no solo la penuria económica de la clase trabajadora, o la incapacidad de un inútil empresariado; sobretodo queda en evidencia la penuria ética, la ausencia de valores a la que nos ha llevado la cultura del individualismo y la insolidaridad, la adoración a los nuevos “becerros de oro” y el principio de que cada perro se lama su cipote.

Al final hasta resulta esperanzador, estamos en la mitad.

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2 comentarios en “Dos días, una noche

  1. Decía un anuncio de una aseguradora, en boca de Rafa Nadal: ‘personas que cuidan de personas’. Esa frase, que se le habrá ocurrido a un sesudo publicista, pretende darnos la tranquilidad de que por eso estamos seguros. Y cada vez veo más claro que esa es la causa y el motivo de que todo este tinglado se vaya al carajo, en más o menos tiempo: nosotros, las personas, los seres humanos, la creme de la creme del planeta. Tus dos primeros párrafos son brillantes.

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