Ida

Ida

Ida

Si hay algo tan complicado como sus nombres, son sus películas. El cine polaco —de Polonia—, ha desarrollado durante su historia un estilo, podríamos llamar, particular, cercano a las cinematografías del norte y este de Europa, en el que no escatima el lenguaje enrevesado y difícil, para adentrarse en las profundidades de la mente o del alma de sus protagonistas. Que de eso se trata: mente o alma.

Además de los Wajda, Kieslowski, Polanski (de joven), Zulawski, hoy visitamos lo último de Pawel Pawlikowski, “Ida”, que no escapa a esas señas de identidad. Con una estética perfecta, un contenido profundo, la narración pausada… y la necesidad de verla tres veces para ir captando el discurso. Muy propio.

El film, ambientado en los años sesenta, en pleno apogeo del régimen pro-soviético, —y que me recuerda un montón a Dreyer—, narra el encuentro de la joven Anna (o Ida), que a punto de tomar los hábitos en una congregación católica (religión mayoritaria en el país, a pesar de la dictadura comunista), se encuentra por primera vez con su tía. La búsqueda de los restos sus familiares, —paradójicamente judíos—, asesinados y desaparecidos durante la ocupación nazi, se irá transformando en reproche hacia la población polaca y católica, por su pasividad ante el genocidio, cuando no por su colaboración. Por miedo o por convicción.

La investigación de las dos mujeres, propiciará a través de la necesaria convivencia entre ambas, el propósito principal del film, el constatar sus dos posturas opuestas de entender la existencia. La fe y el desencanto. La temporalidad o la eternidad. ¿Y luego?

Uno...

Uno…

La joven, encerrada desde niña en el claustro monacal, sin contacto con el mundo material, tendrá la oportunidad de contrastar la carnalidad del cuerpo, con el misticismo del alma. Por su parte la tía, escéptica, curtida y desengañada en todo tipo de vivencias, incluidas las políticas, será la réplica a la inocente y espiritual novicia.

... dos...

… dos…

Como decía, el recuerdo de Dreyer se me hace patente, tanto en la estética, como en el contenido. El viejo maestro, vivió en primera persona los desmanes germánicos. Actitud que se desprende metafóricamente en su obra, partiendo desde un relato que se presenta como un dilema místico. Aquí, el camino es inverso, desde el planteamiento político y social, se llega al fondo, puramente espiritual. En ambos casos, el mundo terrenal queda en un segundo plano, como mera herramienta catalizadora.

El desenlace elegido, peca de un posicionamiento muy personal —está en su derecho—. como en algunos de los directores polacos más reconocidos, una impronta religiosa determinada se hace protagonista, con un sesgo poco sutil.

¿Y luego?

¿Y luego?

Anuncios

2 comentarios en “Ida

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s