Museum hours

Museum Hours

Museum Hours

El común denominador del film austríaco “Museum hours”, nos lo da su director (Jem Cohen) en las primeras imágenes: Una mujer canadiense, madura, va a desplazarse a Viena para asistir en su muerte a un familiar lejano.

En la segunda escena, el que será protagonista, o más bien narrador, se nos describe como un hombre que ha sido muy vital en su juventud, pero que ya está en el reposo de su camino. En su cómoda cárcel particular, el Museo de Historia del Arte, donde se alberga una importante colección de pintura flamenca, y donde él presta su trabajo como vigilante pasivo y observador. Como un ser invisible, un muerto viviente, que contempla los numerosos visitantes de la misma forma que lo hace con las obras inertes de la pinacoteca. El casual encuentro entre ambos —no tan casual— se producirá en el propio museo, y se extenderá por la Viena antigua, como símbolos ambos de un esplendor desaparecido.

Jem Cohen, —cuya labor en el cine se ha caracterizado por su aporte al documental—, aplica su especialidad, describiendo minuciosa y didácticamente, tanto las pinturas expuestas, como el paisaje vivo, alternándola con una pequeña historia de amistad entre la madura pareja de protagonistas.

Con esta sencilla base, el director comienza a trazar el paralelismo entre los valores de aquel desaparecido siglo XVI (que podría ser cualquier otro) y el actual, naturalmente también destinado a desaparecer. El pasado y el presente, la vida y la muerte en el mismo plano.

El panteón del ayer

El panteón del ayer

En su metáfora se apoya en una excepcional fotografía, que reconstruye las sombrías escenas presentes a través de los claroscuros de la pintura flamenca. Además de utilizar las pretenciosas y pedantes interpretaciones de los estudiosos, sobre el significado de las imágenes representadas en los antiguos lienzos, con un punto de sutil humor crítico.

La ubicación del film dentro del elegante y a la vez lúgubre museo, y en la decadente —aunque paradójicamente turística— capital austríaca, son de un acierto absoluto. Más, aclarando mi opinión sobre los museos: como cementerios de reliquias muertas en descomposición.

El resultado es una reflexión sobre lo efímero de la existencia. La presencia continua de la muerte del familiar enfermo, en un segundo, pero persistente plano; el museo como un enorme panteón; o una ciudad en forma de postal antigua; nos advierte del corto recorrido del ser humano como individuo.

El futuro pasado

El futuro pasado

En contraposición a lo que pueden parecer unas imágenes pesimistas, el presente, sencillo y mínimo de una amistad, como alivio de la perenne soledad, resulta reconfortante. Es lo que tenemos: el hoy y poco más.

El film, perfecta y minuciosamente trazado, —al igual que aquellos descriptivos lienzos añejos—, donde ningún detalle queda al azar, invita a numerosas reflexiones: sobre el arte y las fantasías en su estudio excesivamente racional; de la Historia y la decadencia de las civilizaciones, a través de una Viena convertida en museo del pasado; o más íntimamente, la historia de soledad compartida, incluso de la inevitable muerte que nos recuerda el motivo final del viaje, el real, y el metafóricamente virtual.

Yo, aquí, ahora, solamente elegí una: la brevedad del ser.

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2 comentarios en “Museum hours

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