La grande bellezza

La grande bellezza

La grande bellezza

El otro día me preguntaba una persona querida, por la película “La gran belleza” de Paolo Sorrentino, mi contestación fue, que si no conocía la obra de Federico Fellini, seguramente le gustaría.

Algunos comentarios he visto por ahí, que la califican como una versión —o continuación— actualizada de “La dolce vita”. Personalmente creo que las referencias al maestro italiano por parte de su compatriota, se extienden a toda su obra prácticamente (Roma, Amarcord, Ocho y medio).

¿Y eso es bueno o malo?, pues supongo que a cada uno le parecerá una cosa. A mí, a pesar de la vistosa puesta en escena, de las filigranas en la fotografía (que me sobran), del excelente trabajo del actor Toni Servillo; sigo viendo durante las dos horas y media a Federico Fellini.

Cierto es que el argumento es el mismo que la famosa película de Mastoianni y la exuberante Anita Ekberg. La puesta en evidencia de una decadente burguesía pseudointelectual, localizada en la capital italiana, pero exportable a cualquier país de este lado, donde es más apreciada la estética que la ética, o donde el culteranismo es el juego de una clase privilegiada. El cinismo, la hipocresía, el hedonismo, un vacío moral completan el mismo retrato que hace cincuenta años, pero con cincuenta años más.

Toni Servillo, el Mastoianni impotente

Toni Servillo, el Mastoianni impotente

A todas aquellas “virtudes” que aireaba Fellini, hay que añadir ahora las de Sorrentino: un patético envejecimiento de los protagonistas. Y aquí es donde vuelvo a recordar a Fellini. Como retratista de sórdidos ejemplares, los retrató a todos: sus “personajes felinianos“.

¿Que aporta pues Sorrentino? (sí, aquel del bodrio “This Must Be the Place”, que ahora puede tomar nuevo sentido), pues tampoco lo sé. ¿Un homenaje?, no creo. Siendo benévolo, quiero suponer, –que como buen discípulo­–, trate de acercar hasta hoy la filosofía vacua de aquellos vividores y el sarcasmo de su maestro. Con una estética algo más moderna (no mucho), compararlos y compartirlos con estos vividores de hoy, que no se diferencian demasiado… y poco más.

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