Hannah Arendt, pensamientos sin consignas

Hannah Arendt

Hannah Arendt

Existen “biopics” (insisto que no es un tipo de yogur) que tratan de explicarnos la vida y milagros de cualquier personaje conocido, y existe este otro tipo de películas, como “Hannah Arendt”, que basándose en un pequeño suceso, un matiz de su carácter, lo utilizan como excusa para presentar una pequeña parte de una filosofía determinada.

Las primeras suelen ser mutilaciones de cualquier biografía que dé juego comercial. A las segundas, -nos da igual que sea real o que sea imaginario-, no le hace falta el reclamo publicitario del “basado en hechos reales“.

Hannah Arendt, fue una persona judía, dedicada a la filosofía, y que tuvo sus más y sus menos con los nazis. Al cabo de los años, la inteligencia israelí detuvo a uno de aquellos genocidas, y Hannah informó para la prensa judeo americana del proceso judicial al que fue sometido. Su inesperada visión personal, fuera de todo fundamentalismo, alejada de cualquier consigna partidista, resultó un escándalo para los sionistas adocenados, y una lección de libertad de pensamiento para los menos dogmáticos.

Hannah Arendt

Hannah Arendt

Aparte de lo cierto o de fábula que tenga la historia (obviando un tanto de revisionismo alemán), quizás nos haga falta llegar a una cierta edad, para tener el desparpajo de discrepar de parte de aquellas ideologías predeterminadas por otras personas, con las cuales se supone debemos comulgar a pies juntillas. Una cosa es tener puntos en común y otra muy distinta decir amén a cualquier consigna, de cualquier ideario.

Círculos mentales cerrados e intocables, como la patria, la justicia, y por supuesto los partidos políticos, están por estas fechas puestos en entredicho. Nada es inamovible. Las patrias son líneas en un mapa imaginario, generalmente consecuencia de alguna guerra -edificante origen-. La justicia la escriben y la reescriben todos los días en los parlamentos, los ciudadanos más corruptos de cada país. De los partidos políticos, de sus disciplinas, de la docilidad interesada de sus acólitos, de la opacidad de sus componendas, de eso, ni hace falta hablar.

Barbara Sukowa... parecido

Barbara Sukowa… parecido

Por eso, cuando alguien con cierta autoridad moral, se atreve de la forma más natural del mundo, a renegar de los patrioterismos caciquiles; de poner en duda unas leyes coyunturales hechas por unos simples mortales, y que serán cambiadas tarde o temprano por otros simples mortales; o de matizar la Historia (con mayúsculas), la cual ha sido escrita por alguien que no la vivió, y si lo hizo, ese punto donde la discapacidad inherente a todo ser humano se hace manifiesta, que es la memoria, tergiversará los acontecimientos hasta que el propio protagonista confunda realidad con ilusión.

La relatividad de las ideas, de los hechos, de la justicia, que expresaba -no denunciaba- Hannah Arendt, nos debería hacer apearnos de la soberbia, e instalarnos en la tolerancia,… que quizás estemos más cómodos.

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8 comentarios en “Hannah Arendt, pensamientos sin consignas

    • Me gustan los desenlaces sin desenlace, porque hay cosas que no tienen desenlace, ponlo tú. Esta señora parece esa persona que dicen por ahí: “lo que me ha enseñado la edad es a decir no cuando es no”. La foto superior explica más que la película.
      PD: Y no suelo contestar anónimos

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