De los Freaks de Browning, a los “freaks” paralímpicos

Están tocando a su fin las paralimpiadas de este año, y si alguien ha podido seguirlas malamente –la difusión ha sido muy escasa, que esto parece que da poco dinero–, seguro que le ha movido, al menos, a reflexionar un poco (una vez cada cuatro años, no hace daño).

Afortunadamente la diferencia entre los “monstruos”, en el sentido de horrible, que nos relataba a principios del siglo pasado Todd Browning en “La parada de los monstruos” (Freaks), a estos “monstruos” de hoy, es que ese sentido ha cambiado. De siniestros seres, a héroes de la superación.

Y será porque cuando todo parece que va mal, surgen acontecimientos que nos recuerdan que no, que todo no iba tan mal. La progresiva aceptación de las personas que sus circunstancias, simplemente, las alejan de unos estándares que alguien ha establecido, constituye cada día un costoso logro. El rechazo, la vergüenza, el morbo o la compasión, afortunadamente se van convirtiendo, en muchos casos, en admiración y ejemplo de superación para todos.

El_hombre_elefante

De atracción de feria …

Pero, –siempre el jodido pero–, los hombres y mujeres que vemos en estas competiciones de élite, no dejan de ser excepciones, y el propósito del evento no debe dejar de contemplarse como un simple escaparate, lujoso, pero nada cotidiano.

No quiero pensar que nadie siga tomando –solo lo quiero pensar– las paralimpiadas, como las macabras atracciones, en las barracas de feria de antaño. Prefiero pensar que, como cualquier competición de alto nivel, sirva, primero como estímulo a personas con menos fortuna (o más fortuna), y segundo como banco de experimentación de nuevas técnicas. Si es así, que no lo dudo, larga vida.

… a ejemplo de superación.

Aunque después de ver a estos “monstruos de la superación”, no nos queden ganas de quejarnos de nada,  no olvidemos de la excepcionalidad de estos acontecimientos, porque el objetivo siempre ha de ser la normalización en la vida cotidiana, de los miles de personas que se escapan de ese –repito– estándar establecido.

Gracias a todos un poco, los “Freaks” de morbosa atracción de feria, o de vergonzosa reclusión, quedaron para el recuerdo en films memorables, como el referido de Todd Browning, o “El hombre elefante” de David Lynch, por citar los más conocidos.

Y ojalá las nuevas ideas “neo-yo-qué-sé”, no nos lleven de nuevo a las barracas. Sí, puede que sea un poco iluso.

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