Midnight in París, hola de nuevo Woody

Fiel a su cita anual, –aunque sea por necesidad, bendita necesidad–, Woody Allen vuelve una y otra vez a las pantallas para recordarnos que sigue habiendo vida mucho más cerca que las lejanas galaxias, los intrincados laberintos, o las imposibles animaciones en tres o cuatro dimensiones.

Unas veces con mayor acierto que otras, apoyándose en las terrenales y cotidianas experiencias de los humanos mortales, o recurriendo a su eterna imaginación con los humanos inmortales, siempre nos obsequia (a los adeptos) con una magnífica tarde, paradójicamente, igual de diferente.

Desde que decidió –él o su contable– mudar sus películas a Europa, buscando a sus más fieles espectadores en su propio terreno, a este lado del charco, o quizás, más prosaicamente, necesitado de esa financiación que en su país se le había agotado, su obra no ha llegado en ningún caso a la altura de sus mejores momentos. Y es que el tiempo pasa para todos.

El tributo a pagar al trabajar con forzados productores oportunistas, ha hecho de algunos de sus últimos trabajos, una especie de catálogo de propaganda turística donde envolver sus ya clásicas genialidades.

El impuesto de la necesidad

Pero ni el peaje que marca el dinero (imponiendo escenarios o incluso actores), ni el irremediable y agotador paso del tiempo, ni la insustituible ausencia del director interpretando su universal personaje, le ha impedido nunca obsequiarnos con hora y media de encantadora y gratificante evasión.

Sé que mi opinión no es –no puede ser– objetiva, porque ver sus películas, simplemente, me convencen de que vale la pena seguir viviendo. Y eso no puede ser objetivo.

¿De esta película en particular?. Vayan a verla. Por mi parte, si al año que viene Woody y yo seguimos aquí, nos volveremos a encontrar en esa mágica cámara oscura que es el cine.

Rodando en la mágica noche de París

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4 comentarios en “Midnight in París, hola de nuevo Woody

  1. Vaya pensar que acá recién están estrenando Si la cosa funciona! Increíble! Pero concuerdo, Woody con sus más y sus menos siempre convencen justamente por eso que decís, que a la larga vale la pena estar vivo.

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