Memoria histórica a 24 imágenes por segundo

Mi proveedor habitual de productos exóticos me ha regalado esta semana una reliquia de hace cincuenta años. Se trata de film “Alerta en el cielo” (Luis Cesar Amadori), con el niño prodigio del momento Pablito Calvo. No estaba muy atraído en verla, pero ante su insistencia accedí.

Se trata simplemente que de otra película de propaganda pura y dura. En los años que cuenta el film, los Estados Unidos, en plena guerra fría, habían establecido bases militares en España, no precisamente por ser un país defensor de la democracia, pero sí aprovechable por su anticomunismo radical.

La presencia de aquellas bases, que dios sabe que armamento contenían, no parecía muy del agrado de los más enterados, así  que había que ganarse al pueblo (los menos enterados).

Y nada mejor que a través del cine. Un melodramón con niño incluido, el cartel de “basado en hechos reales” y la cosa estaba facil. La trama cuenta como un niño de Zaragoza (ciudad con su correspondiente destacamento militar), sufre una enfermedad incurable, y como las abnegadas fuerzas americanas se desviven en ayudarlo hasta el emotivo desenlace fatal, con trompetista negro llorando incluido.

Hasta aquí, una chorrada más de aquellos años. Cinematográficamente, reflexionar que en esto, más  o menos, debía consistir el trabajo de los Ford, Capra o Wyler cuando nos cuentan que estuvieron sirviendo al ejército en labores de “documentación”. Porque la película, a pesar de su modestia, está rodada con una técnica impecable, una sutileza que la aleja de los toscos y directos panfletos bélicos que preparaba el régimen, lo que me hace suponer la mano anónima de técnicos “made in USA” detrás del cotarro. Y ni que decir tiene de donde debió llegar la financiación, claro.

Esto me viene a cuento de una especie de movida que corre en estos días, en cuanto a los enfrentamientos suscitados al reivindicar la verdadera “memoria histórica” por parte de unos y de un revisionismo dulcificado de la dictadura por parte de otros.

En general, por razones de edad,  ni unos ni otros (ni yo) vivieron la parte más dura de aquella época, así que, en vez de basar sus posturas ideológicas a la ligera en opiniones partidistas e interpretaciones de la historia sesgadas, recomiendo ver – ¡de vez en cuando solo!– este tipo de productos, que con la perspectiva del tiempo quedan muy claros,… pero que muy claros. Y aquello de que “el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”, sería muy triste.

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