Divagando entre Polanski y Hitchcock

A raíz del último estreno, “El escritor” (The Ghost Writer”) del polémico Román Polanski, he vuelto a leer comparaciones del director polaco con aquel mítico inventor del concepto “suspense” que fue Alfred Hitchcock.

Si bien opino que el estilo del desaparecido maestro no admite imitación sin caer en el plagio, también estoy de acuerdo que quizás Polanski sea el director que más se aproxima –a veces– en su concepto de narrar manteniendo la atención del público en su estado límite.

Pero solo hasta ahí, en al parecido de su lenguaje. Para Hitchcock, el fondo de la narración trataba de envolverlo dentro del más correcto y jesuítico comportamiento político, procurando no molestar, disimulando cualquier opinión personal. Algo que solo consiguió superficialmente, a poco que se profundice en su obra.

Polanski, por el contrario, perteneciente a otra generación y a otra cultura, es más directo, en realidad más libre, aunque también más irregular.

Director importante ya desde su Polonia natal, apuntado al carro del “cine de autor” de moda por los sesenta, debuta con títulos tan interesantes como “El cuchillo en el agua”, o ya desde la Europa Occidental “Repulsión” o “Cul de sac”, que marcarían un denominador común a buena parte de su cine. El mal, el miedo, siempre envueltos en espacios y sobretodo en organizaciones sórdidas, y siempre con una buena dosis de ironía cáustica, serán la base principal de sus trabajos más interesantes.

Dentro de su impredecible carrera, sin duda su obra cumbre será “La semilla del diablo”, y a partir de aquí, una serie de acontecimientos personales harán dispersar su filmografía, tanto geográfica como temáticamente.

Pero a diferencia de Hitchcock, un cierto compromiso político, o social, o de denuncia, viene impregnando habitualmente su obra, presentándolo en forma de thriller las más de las veces, o de comedia las menos (El baile de los vampiros, Che). Incluso en títulos como “Chinatown”  o la muy posterior “La muerte y la doncella”, su postura tiende más a confundirse con Costa Gavras que con Hitchcock.

Cualquier parecido con la realidad...

Cualquier parecido con la realidad...

Ahora vuelve con “El escritor”, –basada en la novela de Robert Harris–, a poner el dedo en la llaga de una sociedad manejada por un sistema político, basado a su vez en la corrupción más repulsiva. Y lo hace señalando con poco disimulo a personajes todavía activos en ese contubernio ocultista que hay detrás de los eslóganes electorales.

Y lo hace bien, de forma que el espectador, (con un poco de concentración, eso sí), pueda seguir la complicada trama con perfecta comprensión. Sin la complejidad de la enrevesada e interesante “Syriana” o la excesiva simplicidad de “El señor de la guerra”, por citar algunas de temática similar, Polanski logra transmitir al espectador un estado de terror que por desgracia poco tiene que ver con la ficción que disimulada o irónicamente anuncia sus títulos de crédito.

Y todo este rollo para decir que me ha gustado,… señor, que cruz.

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