¿Donde se van los muertos, Rohmer?

Acabo de leer que ha fallecido Eric Rohmer. Tengo que confesar que fue el director con el que más sintonicé, ni era especialmente brillante, ni sorprendente, ni gracioso, ni espectacular, solamente fotografiaba la vida, y lo hacía de la manera más natural, y eso para mí ha sido fundamental, como cinéfilo y como fotógrafo. El arte de la sencillez.

Una sencillez que para sus detractores era un muermo, no contaba nada. Y es que la vida, cada día, no suele contar historias cinematográficas. Cuando el cine nos evade de la realidad con cuentos inverosímiles, y nos los creemos, estamos en la antesala de la manipulación. La anestesia de la razón.

Rohmer era todo lo contrario, soso como la vida misma, pero profundo hasta el alma. Subjetivo, como buen artista, se podía estar de acuerdo con sus hipótesis o no, pero siempre con una puerta abierta al dialogo. Alguna vez dijo “Me parece más interesante plantear preguntas, que ofrecer respuestas”, propio del viejo filósofo pascaliano.

Ahora leo que se ha ido. Siempre pienso inconscientemente que ciertas personas son inmortales, y todavía hoy me sorprendo cuando compruebo que no, que en realidad todos somos iguales, muy parecidos, como el cine del maestro.

Cuando mi agenda tiene ya más nombres tachados que sin tachar, uno se pregunta de vez en cuando ¿donde se van los muertos?, y acabo llegando a la conclusión de que no se van, solo se esconden en nuestra memoria.

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3 comentarios en “¿Donde se van los muertos, Rohmer?

  1. El nacimiento y la muerte son las dos caras de la misma moneda. La vida solo solo es el “canto”, más o menos grueso, de esa moneda. Y solo tiene sentido porque está todo unido, todo forma parte del todo.
    Ha llegado el momento de recordar a Rohmer y de volver a ver sus peliculas, sosas y aburridas, pero maravillosas y una parte de cada uno que fuimos viéndolas.
    Hoy he oido que a Rohmer le entusiasmaba Mozart y que incluso llegó a escribir un libro “De Mozart a Beethoven”. ¿Él, que no utilizaba la música para sus películas?. Curioso.
    Seguramente lo que le atrajo del amigo de Salzburgo fue que, al igual que Rohmer con su cine, ambos conseguían hacer de lo más simple una obra maestra.

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  2. Una noche de sábado de hace muchos, muchos años, andabas jodido y yo te hacía compañía como podía, propusiste ir al los cines Buñuel, que ponían algo de Rohmer. Yo no lo recordaba, “si hombre ese francés que hace unas películas muy sencillas pero muy majas”.
    Aunque tienes poco mérito por el esfuerzo (ninguno), siempre te agradecí que me descubrieras al “abuelo” de la nouvelle vague. Y también te agradezco, porque esto sí tiene mérito, tu valioso comentario en este humilde pero siempre pretencioso blog.

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