El club de los poetas protestones

Desde los comienzos del cine, una de sus posibilidades más utilizadas ha sido la de usarlo como plataforma de reivindicaciones sociopolíticas, o muchas veces (demasiadas) políticas a secas, disimuladas de “socio”.

Ya los clásicos rusos, maestros del montaje (cinematográfico, y del otro) hasta hoy, de forma más o menos explícita en momentos y países fuertemente controlados por la censura; y más explícita que menos, conforme se va avanzado en derechos de expresión, han constituido en un “género” habitual de vez en cuando.

El acorazado de Potemkin (Eisenstein 1925)

El acorazado de Potemkin (Eisenstein 1925)

A modo de ejercicio de memoria me acuerdo de los veteranos Costa Gavras o Ken Loach, los menos conocidos Guedeguian, Mike Leigh, o los hermanos Dardenne, en el mundo oriental Panahi o el incombustible Kiarostami, o los más raros Kaurismaki o Makhmalbaf (o como coño se escriban), los nacionales Fernando León, Benito Zambrano o Iciar Bollaín, pasando como no, por los documentalistas de moda, más directos y provocativos Michael Moore, Hubert Saupen, Arturo Cisneros o Pino Solanas. Todos ellos, –y más–, se encargan de recordarnos puntualmente las desigualdades sociales de este enloquecido mundo del culto al dinero y donde el hedonismo es sinónimo de felicidad.

Pero mi pequeña reflexión de hoy, viene al apreciar como obras que denuncian situaciones graves son calificadas de peñazos infumables, mientras que melodramas superficiales y manipulados nos hacen un nudo en la garganta.

¿Quién no ha llorado con la oportunista y tergiversada “Mar adentro”? o que bien y que fácil hemos entendido “En el valle de Elah” “El señor de la guerra” “Elephant” o “Syriana”, todas con el inconfundible tufo al negocio de Hollywood.

En la última década me quedo con dos o tres que directamente me han tocado en la línea de flotación “Oasis”, “Lilja 4-ever” y sobretodo “4 meses, 3 semanas, 2 días”, personalmente claro. Y por cierto producciones más que baratas.

Vuelvo pues a mis reflexiones de ocioso domingo, ¿si el mensaje es importante, pero lo transmitimos mal, la cagamos?, ¿mejor callarse?, ¿es más importante el “como se dice” que “lo que se dice”?… puede que sí… o no.

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3 comentarios en “El club de los poetas protestones

  1. Muy buen interrogante!, Angel. Pasa que como dice el dicho: “siempre hay un roto para un descosido” hay personas lamentablemente que no se ponen a reflexionar sobre nada sino es a través del estruendo de Hollywood, otros ese ruido nos distrae de lo importante y quizá con climas y diálogos más elavorados nos compenetramos más emocionalmente para poder quedarse pensando. No sé, es la única que se me ocurre, hay personas de mis amistades que quedaron totalmente encantadas con películas como El extraño caso de Benjamin Button y me hablaban horas sobre el carpe diem y tal y para mí es un film de lo más trillado que tiene líneas de diálogo como sacadas de tarjetas de Navidad. Jaja me gano muchos enemigos cada vez que lo digo pero bueno. O sin ir más lejos la última Moon donde he leído sobre las denuncias a las grandes corporaciones que se hace en el film… yo no hallé más que otro film lento y lleno de lugares comunes y de situaciones argumentales realmente muy flojas y lamentables. Pero es simplemente mi opinión personal….

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  2. Me dirás que soy un tío dogmático, pero me niego por sistema a ver las películas premiadas en los Oscar, por lo que desconozco al señor Benjamin Button. Esto me supone perderme a veces algunas cosas decentes (supongo). Como anécdota te contaré que me negué a ver El Padrino (I II y III)solo por esta razón, cuando hicieron una versión en video conmemorando el 25 aniversario (¡o sea 25 años después!) me la regalaron y tuve que admitir mi error, hoy es una de mis obras favoritas. Pero sigo en las mismas, no veo los Oscars.
    En cuanto a Moon, ya hemos comentado algo en tu blog, y me reitero que tampoco me dice nada nuevo. Esas segundas y rebuscadas lecturas las puedes encontrar hasta en los dibujos infantiles si te lo propones. Yo mismo tengo comentarios en este blog que al releerlos alguna vez, me pregunto ¿que había tomado aquel día?.

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