Orson Welles

CITIZEN WELLES

De todos es conocido el nombre de Orson Welles, Todos hemos oído hablar de alguna de sus películas; todos sabemos que fue, y sigue siendo, un personaje importante en el cine; incluso todos hemos vistos alguno de sus filmes por televisión, seguramente Ciudadano Kane, seguramente también alguna más, pero no sabíamos que fuera de él. Todos tenemos un vago conocimiento de aquel americano gordo, que no se sabe bien que hacía en los toros con Ava Gardner y Luis Miguel Dominguín, allá por los cincuenta. Pero en lo que todos estamos de acuerdo, es en que sus películas, nos resultan antiguas, aburridas, sin colores, y ante todo confusas.

Lamentablemente, esta será la constante del gran público ante su obra. Acostumbrado a un cine comercial y fácil, que paradójicamente, se asienta en las bases semánticas que a lo largo de su filmografía, Welles fue desgranando. Incomprendido por el mercado, pero copiado hasta la saciedad por el mundo profesional.

Es cierto, que los filmes del voluminoso director, no son fáciles de asimilar en el primer visionado, que exigen un esfuerzo por parte del espectador, y que quizás no esté dispuesto a realizar, pero que una vez dentro de su lenguaje, se verá absolutamente recompensado. Como otros grandes autores, –Buñuel, Ford, Bergman, …– las líneas comunes de sus principales obras, se mantendrán inalterables en todos sus trabajos.

Ideológicamente, Welles, ya desde su primera película, posiciona lo que será su talante político en el resto de su filmografía. La crítica abierta y valiente al capitalismo radical, y su autodestrucción (Ciudadano Kane, Mr Arkadin, La dama de Shanghai); a la plutocracia a la que veía encaminada la industrialización americana desde sus inicios (El cuarto mandamiento); a su vez, el miedo y el desprecio al poder absoluto (El extraño); a la manipulación de la justicia (La dama de Shanghai, Sed de mal); a la indefensión del ciudadano, que solo pretende su independencia y su libertad (El proceso, La dama de Shanghai). Y como convalidando sus teorías acerca del poder y su corrupción, acude al maestro Shakespeare, para que ratifique su postura, con sus versiones de Macbeth, Otelo, o la genial compilación de varios textos en Campanadas a media noche.

Pero el carácter independiente y renovador de Orson Welles, no solo se verá reflejado en sus polémicas denuncias. Admirador declarado de Griffith, –y de Ford sin declarar, pero evidentemente– toma elementos de éstos, para, junto con aportaciones propias, generar una forma de hacer, que marcará una inflexión en la narrativa del cine.

La fotografía expresionista ya era dominada por Murnau; la profundidad de foco, la inclusión de los techos o las luces oblicuas, eran elementos utilizados por Ford; los movimientos de los actores en profundidad, manteniendo fija la cámara, y dándoles más libertad de expresión, lo vemos ya en Wyler. Por no decir de los montajes en paralelo, los flash-back, o las elipsis, aprendidos directamente del maestro Griffith y de los cineastas rusos. Todos estos recursos, ahora en manos de Welles, tomarán una nueva dimensión, configurando un estilo propio, absolutamente personal e inmediatamente reconocible.

Pero, la gran personalidad y el carácter independiente de Welles, debido a su perfeccionismo enfermizo, dejaría muchos proyectos sin terminar, sobretodo, una versión del Quijote, que ha sido restaurada, pero ya sin la fuerza del autor.

Después de Campanadas a media noche, último largometraje cinematográfico, Welles rodaría varios trabajos para las televisiones europeas, Una historia inmortal, Fraude, o documentaciones sobre sus propias obras, completarán su corto pero significativo legado.

Tampoco hay que olvidar su trabajo como actor, muchas veces única forma de conseguir fondos para sus propias producciones. Sus actuaciones, además de las de sus propias películas, en El tercer hombre, de Carol Reed, en Moby Dick de su amigo John Huston, El largo y cálido verano de Martin Ritt, etc., solo se verán eclipsadas por su propia obra como director.

Sin embargo, la dificultad de asimilar un estilo de vanguardia, junto con la molesta crítica hacia el americano acomodado, le harán recoger un fracaso comercial tras otro, y la carrera de Orson Welles, se deslizará por una pendiente, que le hará desaparecer de la industria de Hollywood; que le hará peregrinar su exilio por la vieja Europa, mendigando mediocres producciones; y hará que su obra solo sea reconocida en círculos muy limitados… hasta su inevitable mitificación.

George Orson Welles, nacido en Kenosha el 6 de mayo de 1915, productor, director, guionista y actor estadounidense, pionero y genio del cine, maestro y profundo renovador de los recursos estéticos y narrativos, figura influyente por su entramado e imaginativo estilo fílmico, repleto de barroquismo y deslumbrancia vital, murió en Los Ángeles el 9 de octubre de 1985, a los 70 años de edad, sus cenizas reposan en España, en el jardín andaluz de su amigo, el torero Antonio Ordoñez, por su propia voluntad.

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(Texto año 2001)

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