Centauros del desierto

centauros-del-desierto.jpgDIRECTOR: Ford, John
PAIS: USA
AÑO: 1956
DURACION: 119 min
INTERPRETES: John Wayne, Jeffrey Hunter, Vera Miles, Natalie Wood

Dentro de su inagotable producción, Ford, retoma en “Centauros del desierto”, su iconografía preferida: la del “far-west”. No solo volverá en este film a encontrase a sus anchas en el Monument Valley, sino que, a juicio de no pocos, logrará su mayor obra maestra.

Empleando con la mayor naturalidad, su dominio técnico, en cuanto a fotografía, escenarios o puesta en escena, Ford, aborda, como es habitual en su estilo, una modesta historia del Oeste, con sus indios, sus cabalgadas, sus buenos y sus malos.

Pero, como también es habitual en su estilo, los personajes y sus actitudes, comienzan a tomar nuevas dimensiones, a medida que se les presta una mayor atención que la del simple entretenimiento.

Un antiguo combatiente confederado, regresa a casa, donde vive su hermano con su familia. Pronto, un ataque de los indios destruirá la granja, asesinará al matrimonio y raptará a sus dos sobrinas, todavía unas niñas. El resto del film será una constante búsqueda de éstas, hasta lograr su liberación.

Pero dentro de este esquema, simple y manido, detrás de la interpretación de John Wayne en el personaje de Ethan, de la réplica de Jeffrey Hunter en el mestizo Martin, o en la del resto del reparto, Ford deja caer todo un planteamiento de las diferentes reacciones del ser humano ante las situaciones límite. La prisión claustrofóbica que supone, paradójicamente, la vida en tan inmenso paisaje. La convivencia mortal con unos vecinos hostiles. El agrupamiento en solidarios grupos, familias y clanes.

Dentro de este universo, puramente fordiano, la personal figura de Ethan, incide en el problema del racismo, disfrazado de aventuras. Y resulta más representativo aun, cuando este racismo procede de un personaje amargado por una –siempre presente– guerra civil, en la que se encontraba del lado de los vencidos (la aristocracia sureña, que defendía la esclavitud y la secesión). Un personaje que, además, a su regreso del frente, se encuentra a su hermano casado con la que, intuimos, debería haber sido su esposa.

Ante este estado mental, de frustración y desarraigo, la búsqueda de las muchachas raptadas, se presagia que acabará convirtiéndose en una autentica venganza… ¿hacia el pueblo indio?.

El contrapunto a esta actitud, la marcará el joven mestizo (no por casualidad) Martin, quien en todo momento pone el toque de sensatez, transformando lo que en principio se preveía como un desquite personal, en simplemente la eficaz búsqueda de las muchachas.

El final, muy suavizado, nos ofrece un Ethan humanizado, que en el largo peregrinar por la soledad y la dureza del desierto, encontrará redención a sus viejos odios y frustraciones.

Hay que destacar, como no, la sutil objetividad a la hora de plantear los hechos, por parte del director. Ford, simplemente, expone las diferencias abismales entre dos culturas, que se temen, que se odian, en las que raramente admiten el mestizaje natural, y que, como parece ser, estaban condenadas a no entenderse.

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