Ciudadano Kane

ciudadano-kane.jpgDIRECTOR: Welles, Orson
PAIS: USA
AÑO: 1941
DURACION: 115 min
INTERPRETES: Orson Welles, Joseph Cotten, Everett Sloane

Irrumpe Orson Welles con sus veinticinco años en la meca del cine, precedido de una merecida fama en el mundo de la radio y del teatro, en el que era fundador del Mercury Theatre en Nueva York. E irrumpe por la puerta grande de Hollywood, como un niño prodigio, en el que la gran industria pondrá de inmediato todas sus esperanzas.

Así pues, ya en su primera obra, disfrutará de privilegios y libertades vedadas al resto de directores, por muy prestigiosos que fueran.

En “Ciudadano Kane”, se pretendió ver, y seguramente con razón, una biografía del multimillonario Hearts, aunque no deje de ser una ambigua representación en general de los J.P. Morgan, Rokefeller, Onassis, Turner, March,… etc.

El film comienza con la muerte del magnate, por lo que, la narración de su vida, o más bien la narración de la búsqueda de su vida personal, constituirá un gigantesco flash-back

La exposición oficial de su vida pública, Welles, la despacha en diez minutos, en forma de noticiario, para pasar inmediatamente a buscar una mayor profundización en la autentica y desconocida personalidad de Kane.

La clave de su misteriosa faceta, parece encontrarse en la última palabra que pronunció en el lecho de muerte: “Rosebud”. La investigación de su significado, nos hará recorrer, a través de las narraciones de sus más allegados colaboradores, una segunda visión, más particular, del popular ciudadano. Pero, “Rosebud”, acabará consumido por el fuego, sin llegar a saber su significado. Imposibilidad ya anunciada en el principio y final de la película, con un cartel en la entrada de su castillo, con la imperativa leyenda de:“No pasar”.

Aunque el espectador, desde su privilegiada disposición, sí que interpretará que es el símbolo de una infancia perdida, de una educación materialista, lejos del calor de su familia, y que marcará toda una existencia, llena de frustraciones, tratando siempre de demostrarse algo, de justificar su propia debilidad, a través del poder desmesurado.

Pero, sin olvidar el impacto de su corrosiva crítica al capitalismo radical, quizás la aportación más valorada con el paso del tiempo, hayan sido sus incorporaciones técnicas y estilísticas en la forma de narrar.

Admirador declarado de Griffith, –y de Ford sin declarar, pero resulta evidente– toma elementos de éstos, para, junto con aportaciones propias, generar una forma de hacer, que marcará una inflexión en la narrativa del cine.

La fotografía expresionista, la profundidad de foco, la inclusión de los techos o las luces oblicuas; los movimientos de los actores en profundidad, manteniendo fija la cámara, y dándoles más libertad de expresión. Por no decir de los montajes en paralelo, los flash-back, o las elipsis, aprendidos directamente de los pioneros del cine mudo. Todos estos recursos, ahora en manos de Welles, tomarán una nueva dimensión, configurando un estilo propio, absolutamente personal e inmediatamente reconocible.

Pero, la dificultad de lectura de tanta innovación junta, unido a la trama, altamente molesta para la plutocracia americana, darían como resultado, que “Ciudadano Kane”, una de las piedras angulares del cine, fuera un fracaso comercial, y que la carrera de Welles, iniciara una tortuosa cuesta abajo en la industria oficial, circunstancia que acabará por ser el determinante de una obra excesivamente corta, de su forzado exilio, y de un reconocimiento, más que tardío, de su aportación al séptimo arte.

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