Cria Cuervos

cria-cuervos.jpgDIRECTOR: Saura, Carlos
PAIS: España
AÑO: 1975
DURACION: 97 min
INTERPRETES: Ana Torrent, G. Chaplin, M Randal, F. Chico

Junto con el rodaje de este filme, se van ha producir en España y en la vida de Carlos Saura una cadena de acontecimientos que harán de “Cría cuervos” el punto de inflexión más importante en la obra de este director.

De una parte la muerte del Caudillo unos meses después de su terminación, hizo que se convirtiera involuntariamente en una de las primeras manifestaciones del transito hacia el posfranquismo, ya que, casualmente, el argumento trata de un militar que muere dejando tras de sí una sucesión de polémicas controversias.

De otra parte, en un plano más personal, se producen las primeras de una serie de rupturas personales y profesionales, que comienzan con la definitiva separación del guionista Rafael Azcona y continúan con la forzada sustitución de su habitual director de fotografía Luís Cuadrado, debido a la desgraciada ceguera de éste.

En el polémico filme se recogen los recuerdos de Ana, ya adulta, que rememora lo que fue su infancia en un verano a los ocho años, y que en una acertada paradoja, ese pasado se desarrolla en la época real de la película, esto es, el determinante 1975.

El argumento se centra en la visión subjetiva que la niña hace de su entorno, y que a su corta edad, en compañía de sus dos hermanas de parecidas edades, ha tenido que vivir la penosa y prematura muerte de su madre, y ahora, accidentalmente, la del padre, y precisamente en la cama con su amante.

Mezclando, en su ya habitual estilo, realidad, recuerdos y ensoñaciones, podemos ir deduciendo la opinión de la niña hacia un padre, militar de profesión, de talante autoritario y que en su desprecio hacia la familia había arruinado la vida de su esposa y se había granjeado la repulsa de sus hijas, conocedoras y testigos, forzosamente mudos, de toda la farsa que representaba aquel matrimonio socialmente convencional.

Para completar el panorama, se hará cargo de las huérfanas la tía, de moral hipócrita y fingida, tan autoritaria como el padre y que contrasta radicalmente con la sencillez y sinceridad de la criada y “ama”, con la que las niñas sí se entienden con evidente naturalidad. El final del filme coincide con el de aquel agitado verano y las niñas salen por fin del claustrofóbico ambiente de la casa familiar para dirigirse, en un nuevo comienzo de curso, al colegio, perfectamente uniformadas y en el que les esperan las monjas que completarán su educación siguiendo los principios de la moral católica; si dios no lo remedia.

Resulta especialmente estremecedor el personaje de Ana, en el que no da ninguna muestra de rebeldía externa, es una niña quieta, de apariencia dócil, pero con ella se tiene la certidumbre de encontrarse ante el abismo de un testigo de cargo implacable.

El paralelismo entre el militar del filme y el Jefe del Estado, la denuncia de la sociedad corrupta y falsa impulsada desde la doble moral del moribundo Régimen, visto desde los ojos imparciales de unos niños, tratados con el mismo rango que los adultos, sin falsas infantilizaciones, produciría un efecto demoledor para los defensores del continuismo político. Por supuesto, estreno solamente consentido, forzosamente, por la repercusión y el prestigio internacional del director aragonés.

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