Cuento de Primavera

cuento-de-primavera.jpgDIRECTOR: Rohmer, Eric
PAIS: Francia
AÑO: 1990
DURACION: 108 min
INTERPRETES: Anne Teyssedre, Florence Davel, Hugues Quester

Terminado su ciclo de Comedias y Proverbios que ocupó al director francés en la década de los ochenta, aborda, a sus setena años, una nueva serie “Cuentos de las cuatro estaciones”, parece, que con el único lazo de conexión que el puramente estacional, amén de su eterna reivindicación sobre las relaciones humanas.

El nuevo ciclo se inicia con el film “Cuento de Primavera”, en el que, sin abandonar su personal estilo aparentemente cotidiano, sí que parece dejar a un lado las consideraciones morales de sus primeros trabajos, o la postura social observada en su última serie. Ahora, de forma más particular, Rohmer se sumerge en la abstracción de la filosofía, de la que no olvidemos, ejerció como docente.

No obstante, el hilo conductor de toda su obra, o sea, la dificultad de comunicarse (con los demás y consigo mismo), los equívocos, o el azar, persistirán siempre como base de su discurso.

En “Cuento de primavera”, una mujer joven, Jeanne, profesora de filosofía, al terminar su semana laboral y estar su novio de viaje, decide abandonar la casa que comparte con éste, hasta su regreso, al no poder soportar sola el desorden de su compañero.

Como siempre, el azar, hace que su propio apartamento se encuentre ocupado por su prima, a la que lo había prestado. Este juego de casualidades (o del resultado de renunciar a su independencia), le hará coincidir con Natacha, una adolescente, estudiante de piano, la cual, atraída por la supuesta madurez de Jeanne, la invitará a compartir el fin de semana. En casa de la joven pianista, Jeanne conocerá a su padre y a la novia, más joven, de éste, con la que Natacha no se lleva bien.

En medio, el McGuffin de un collar extraviado, será la excusa para reflexionar sobre los malentendidos a los que lleva la falta de comunicación. La imaginación y los prejuicios sustituirán a la realidad, provocando situaciones equivocas.

La historia en sí misma, como es habitual, poco tiene de interés, pero como siempre en Rohmer, nada es casual, y aquí quizás menos que nunca. Si en el cineasta francés siempre hay alguna sutil segunda lectura, en “Cuentos de Primavera”, la reflexión a la que fuerza al espectador, bien podría equipararse al más duro “cine de autor”.

Jeanne, una mujer formada en la disciplina de la reflexión teórica y del orden, huye temporalmente del caos que representa para ella la vida de su novio, encontrando, sin embargo, en Natacha (artista) el atractivo de la espontaneidad y la naturalidad; contrapunto de su objetivo vital de pareja, matrimonio, trabajo estable o normas éticas inequívocas (filosofía).

Natacha por su parte, decepcionada por una madre ausente (a la que no conocemos) y por el rechazo hacia la nueva compañera de su padre, en la que encuentra, por su juventud, una rival en el cariño paterno, creerá ver en Jeanne el punto de armonía que sostenga su inestable momento emocional de adolescente.

Pero como explica la anécdota del collar, todo se reduce a la imaginación y al deseo de encontrar aquello que echamos en falta, el equilibrio, el cariño, en definitiva, la atención de las personas que conforman nuestra existencia.

El desenredo de la madeja, al final, dejará para el lunes las cosas donde estaban antes del paréntesis “rohmeriano” del tiempo libre, en este caso, del fin de semana.

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