Cuento de Verano

cuento-de-verano.jpgDIRECTOR: Rohmer, Eric
PAIS: Francia
AÑO: 1996
DURACION: 89 min
INTERPRETES: M. Poupaud, A. Langlet, A. Nolin, G. Simon

Vuelve Rohmer, como no podía ser de otra forma, al tiempo vacío de las vacaciones estivales, como ya hiciera en “La coleccionista”, “Paulina en la playa”, “La rodilla de Clara” o “El rayo verde”. Tiempo vacío, en el que el director francés, libera a sus personajes de la problemática exterior de la rutina cotidiana. Solos con sus dilemas éticos o simplemente con sus conflictos emocionales.

En “Cuento de verano”, aunque la historia se desarrolla entre tres mujeres y un joven, en realidad, es éste, Gaspard, y la joven Margot, quienes, a través sus estudios y futuras profesiones (profesor de matemáticas y etnóloga, respectivamente) nos dan la clave de la personalidad y las referencias del propio director. No podemos decir que por ello sea su película autobiográfica, pero sí, como buen cineasta de autor, él mismo se verá reflejado en su propia obra.

El joven Gaspard, estudiante y aficionado a la música, llega de vacaciones a la costa de Bretaña, donde deberá encontrarse con su novia (o medio novia), Lena. Pero como de costumbre en Rohmer, el azar alterará la programada espera de Gaspard.

La joven estudiante-camarera del restaurante que frecuenta, Margot, (actriz rescatada de “Pauline en la playa”, y en Rohmer no hay nada casual), le “entrará” al muchacho de forma abierta y desinhibida.

Gaspard acepta a Margot como amiga, aunque no parece ser su tipo de mujer, –él cree preferirlas más sofisticadas–, y seguirá a la espera de su sobreestimada Lena.

Mientras, aparecerá una tercera mujer, esta si, atractiva y sensual, Solene, con la que el joven pronto se comprometerá.

La aparición, al fin, de su novia, pondrá a Gaspard en una triple encrucijada, la fidelidad acomodaticia y conservadora de Lena, la atracción erótica de Solene, o la amistad sencilla y abierta (o sea, el amor sin artificios) de Margot. El dilema acabará resolviéndose –también, porque sí– con una llamada que le servirá de excusa para abandonar precipitadamente sus vacaciones, y con ellas, sus conflictos femeninos.

El tiempo circular que utiliza Rohmer, con la llegada del joven al comienzo y con su partida al final, o el lugar unitario en el que se desarrolla la acción, compone un verdadero clima de laboratorio para analizar la vertiente del falso “orden matemático” del Gaspard universitario, sacado de su contexto habitual, frente al estudio antropológico de la espontánea y vital Margot.

Vertientes ambas en las que precisamente, Rohmer basa el grueso de su obra. El inicial objetivo del joven matemático, relajarse con sus aficiones y encontrase con su novia, se verá alterado inesperadamente por acontecimientos imprevistos, poniendo en duda cualquier principio de planificación vital que no pase por el azar.

El final, no sabríamos decir si feliz, confirma un Rohmer poliédrico, que convivirá con sus diferentes contradicciones, pero que está condenado a no poder integrarlas,… ni falta que hace.

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