El evengelio según San Mateo

DIRECTOR: Pasolini, Pier Paolo el-evangelio-s-mateo.jpg
PAIS: Italia
AÑO: 1964
DURACION: 131 min
INTERPRETES: Enrique Irazoqui, Sussana Pasollinni, Margherita Caruso

En su tercer largometraje, Pasolini parece abandonar definitivamente su paso por el neorrealismo, para adentrarse en una carrera más personal, y como no, polémica, que continuará con el resto de su obra.

Como desde los albores del cine, desde David W. Griffith o Cecil B. de Mille, la “historia sagrada” ha sido, y sigue siendo, un atractivo irresistible para los más diversos cineastas y sus más dispares enfoques.

Sorprende pues, que Pier Paolo Pasolini, ácrata y ateo militante, aborde las sagradas escrituras a través de “El evangelio según San Mateo” (o sin el San, en el título original), haciéndolo además, respetando los textos más clásicos y ya tópicos.

El film conserva la estética dura y ascética de sus primeras películas realistas, desde luego, muy lejos del brillo y la opulencia de las clásicas versiones bíblicas comercializadas especialmente en las “semanas santas” del mundo cristiano.

Los personajes, actores no profesionales, confieren al relato una espontaneidad más terrenal que divina. Incluso el tratamiento de los pasajes más controvertidos (milagros, virginidades, profecías y demás subterfugios) quedan expuestos con una simplicidad deliberadamente infantil.

A lo largo del austero film, la figura de un Jesús humanizado, incide más en la apariencia de un líder sindical perseguido por el estado, que en la de un Mesías iluminado. Sutilmente el film hará hincapié en el primer aspecto, exponiendo de forma casi ridícula los pasajes puramente teológicos.

El paralelismo que se vivió entre la persecución en su momento por parte de Jesucristo y sus acólitos, llegando hasta la muerte, se tratará de equiparar al sufrido en el momento presente por las posturas más sociales y libertarias, coincidentes en multitud de aspectos con los fundamentos (obviamente arrinconados) de las religiones.

Mención especial merece el papel que el director otorga a la música, utilizada para subrayar la intencionalidad de cada secuencia. De esta forma, la tribal misa Luba, los espirituales afroamericanos, o la obra religiosa del clásico J.S.Bach, contribuirán decisivamente a la matización particular del conjunto.

Así pues, la extrañeza al abordar tan pantanoso argumento por el recalcitrante director italiano, comienza a aclararse conforme se va dibujando la analogía de militancias sociales, y como no, –conocida la enfermiza egolatría del autor–, la pretendida afinidad con su historia particular.

La crítica al sistema que Pasolini reflejó en sus primeros filmes, comienza a ir dejando paso a una reivindicación personal, una vez rechazado por unos y por otros teóricos de las dogmáticas políticas predominantes.

La denuncia indiscriminada de un lado o de otro, la no militancia en ningún bando establecido (salvo su efímera afiliación en el partido comunista), le acarreará inevitablemente la etiqueta de excéntrico. A menudo no sin cierta razón.

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