El hombre que sabía demasiado

DIRECTOR: Hitchcock, Alfred el-hombre-que-sabia-d.jpg
PAIS: USA
AÑO: 1956
DURACION: 115 min
INTERPRETES: James Stewart, Doris Day

En plena cumbre de su carrera, Hitchcock, no solo persiste en sus planteamientos habituales: el suspense, la ironía, o las dobles apariencias. En este caso, directamente, hace una nueva versión de su propia obra homónima, de la primera época londinense. No obstante, si la primera versión no carecía de interés, esta segunda, se puede calificar como la verdadera obra de un profesional.

En toda obra del director ingles, sabemos de antemano que el argumento de sus historias acaba siendo la excusa (McGuffin), para desarrollar libremente el cine enigmático y enmarañado en el que Hitchcock pretende siempre involucrar al espectador.

En “El hombre que sabía demasiado”, la picardía del director, no solo nos trata de despistar con un McGuffin; en este caso, con dos (¡¿al menos?!).

El argumento, desarrolla, como una familia americana ejemplar, en sus exóticas vacaciones por Marruecos, se ve envuelta casualmente en un caso de terrorismo internacional (primer McGuffin). A raíz de esto, el hijo del matrimonio será secuestrado por los conspiradores (segundo McGuffin), y la pareja emprenderá una desesperada búsqueda, durante la cual se irán destapando los verdaderos sentimientos de tan idílicos esposos.

Los conflictos de la pareja, habituada a la cómoda situación del “american dream”, ante una situación inesperada y angustiosa, centrarán definitivamente el verdadero interés del filme. A partir de aquí, los roles establecidos por la sociedad occidental, para unos y otros, serán el blanco continuo del crítico sarcasmo del autor.

El esposo, Ben, que reivindica continuamente su saber: como doctor en medicina, como esposo protector o como “macho” en general; se ve engañado e impotente ante una situación que se sale de la vulgaridad y la monotonía de su provinciana pero rentable consulta de Indiana.

Por su parte, la madre, Jo, antigua cantante que ha abandonado su carrera para incorporarse dócilmente a la familia tradicional , será quien en “concierto” con su marido, emprenda la recuperación de su hijo (Hank), quien, a la postre, resultará ser la única causa común del perfecto matrimonio.

Este talante inicial frívolo y prepotente, contrasta con las escenas finales, después del azaroso y esclarecedor viaje, (que comienza “casualmente” en un país del tercer mundo,) y durante el cual, cada uno ha sido puesto en su lugar: ni el hombre sabía “demasiado”, ni la esposa era el elemento decorativo del matrimonio, ni el hijo el complemento necesario y amorfo para completar el prototipo oficial de familia.

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