El Huevo de la Serpiente

el-huevo-serpiente.jpgDIRECTOR: Bergman, Ingmar
PAIS: Escandinavia
AÑO: 1977
DURACION: 119 min
INTERPRETES: Liv Ullmann, David Carradine, Gert Froebe

Formalmente Bergman cambia diametralmente de registro para rodar con producción alemana “El huevo de la serpiente”, conservando solamente a Liv Ullman como único nexo a su reparto habitual.

La acción rodada íntegramente en decorados que reproducen magníficamente el Berlín de los años veinte, narra la estancia de un trío de artistas circenses americanos de turné por la Europa previa a las revoluciones fascistas, que desencadenarían la segunda guerra mundial.

La muerte por suicidio de uno ellos, dejará desorientados y sin trabajo a sus dos compañeros (David Carradine y Liv Ullman), en medio de una ciudad sumida en la miseria y el extravío, donde se recurrirá a las más indignas y macabras actividades para subsistir.

En una primera impresión, con un lenguaje claro y abiertamente convencional, parece un film muy alejado de las consabidas reflexiones profundas del director sueco, presentándose como un alegato más antinazi, incluso como un cierto estudio sociológico del contexto que antecedió y precipitó a tan funestos acontecimientos.

Pero Bergman, mostrándonos la historia pasada, trata como en el resto de su filmografía, de reflexionar sobre un presente acomodaticio con unas evidentes consecuencias futuras, como en los años veinte, derivadas de la pérdida del rumbo de una sociedad, en la que se han abandonado las referencias espirituales, y en el que hombre ha resuelto decidir por sí mismo, al margen del utópico dios o la callada naturaleza.

Y en la sociedad capitalista del bienestar económico, en la que se desenvuelve Bergman cotidianamente, está primando el materialismo y el individualismo, frente al misticismo o los principios humanistas.

Pone pues como referente la época de feliz derroche de entreguerras, y sus consecuencias de descalabro económico, donde la desorientación de una población desubicada, daría como resultado un auge de líderes ególatras sin escrúpulos, capaces de creerse y poner en marcha un hipotético cambio de la humanidad, convirtiéndose en sustitutos de la figura del dios místico, al frente de una población siempre necesitada de un paternal apoyo supremo en el que creer.

La falta de principios morales, la hipocresía en las relaciones humanas, el fracaso de la pareja, la soledad o el vacio espiritual, que habitualmente Bergman denuncia con su particular estilo, aquí lo hace de forma explícita, augurando crudamente un futuro que estará condenado a repetir tiempos pasados.

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