El jardin de las delicias

el-jardin-delicias.jpgDIRECTOR: Saura, Carlos
PAIS: España
AÑO: 1970
DURACION: 92 min
INTERPRETES: J. L. Lopez Vazquez, F. Pierrá, Luchi Soto

En una época de abierto enfrentamiento contra el franquismo, ya en sus últimos años, Saura rueda “El jardín de las delicias”. Como en sus últimos filmes, denuncia un tipo de sociedad con la que no comulga en absoluto; pero ahora incluye, sutil aunque rotundamente, una doble lectura política contra el moribundo Régimen.

Corresponde a un momento de gran agitación social, animada de una parte por los movimientos que se desarrollaban en todo el mundo (mayo francés, primavera de Praga, guerra del Vietnam, etc.), y por otro lado, más evidente y domestico, la vejez del general Franco, con su correspondiente deterioro físico y mental que dejaba entrever el final de la interminable y penosa (no para todos) dictadura.

El filme, en una de sus lecturas, enlaza con la temática de sus últimos trabajos, analiza una familia perteneciente a la oligarquía que representaba el poder económico en España, y que había sabido enriquecerse aprovechando los favores del Sistema, a cambio de una supuesta fidelidad al mismo.

En su argumento, Antonio Cano (ciudadano Cano), industrial de mediana edad, impulsor de un pequeño imperio económico, sufre un accidente, y como consecuencia del mismo queda impedido en una silla de ruedas y pierde completamente la memoria, reteniendo en su amnesia las claves del negocio, de la caja fuerte y de las cuentas en Suiza. Su familia intenta desesperadamente su recuperación representando burdamente episodios de su vida pasada. A esas representaciones, hay que añadir los recuerdos y ensoñaciones que el propio Antonio tiene desde su propia enfermedad. De esta forma desfilan por la pantalla, mezclados, los antecedentes y los fantasmas del protagonista: el dominio paterno, las represiones sexuales, la guerra civil, las frustraciones conyugales, su tiranía empresarial, etc.

Pero los esfuerzos de la familia por recuperar a su líder resultarán vanos, incluso, en el proceso de reconstrucción de la vida y personalidad del empresario, toda la tribu quedará en evidencia y, como él, paralizada e impedida en su claustrofóbico jardín.

Desde una lectura psicológica del protagonista, “El jardín de las delicias”, puede verse como un documental sobre el estupor, Antonio, desde su estado de regresión a la infancia, verá con asombro desfilar ante sus ojos la macabra representación de lo que ha sido su vida, el absurdo que representa su gran poder económico, la falsedad de su familia, el engaño del desarrollismo español, o la inutilidad de su ostentoso jardín, refugio final de perdidos y desorientados “inválidos”.

No tardarían tampoco los vigilantes de la moral en darse cuenta del paralelismo entre la situación del protagonista y su familia, con la persona del dictador y su régimen, por lo que solamente la dificultad de su lectura la salvaría, de nuevo, del veto de la censura.

Anuncios