El manantial de la doncella

el-manantial-doncella.jpgDIRECTOR: Bergman, Ingmar
PAIS: Escandinavia
AÑO: 1960
DURACION: 88 min
INTERPRETES: Max von Sydow, Birgitta Valberg, Gunnel Lindbl

Dentro de su época más mística, en la que Bergman juega con los misterios de la muerte y la religión, como ya hiciera en “El séptimo sello”, ambienta su película en la Edad Media de su Escandinavia natal. Ahora adaptando una leyenda medieval a su peculiar punto de vista de la búsqueda de un dios silencioso y ausente.

En una magnifica ambientación, el director sueco nos cuenta la historia de Karin, hija única de un señor feudal, que es enviada a realizar una tópica ofrenda a la iglesia cercana. Al atravesar el bosque, será violada y asesinada por unos desconocidos. El conocimiento de los hechos por parte del padre desatará su ira ejecutando violentamente a su vez a los asesinos de la joven. Ante tal brutalidad, un manantial brotará en el lugar del asesinato como agua redentora de los pecados de los hombres.

Una historia sencilla que Bregman aprovecha para intentar contrastar las paradojas en el ser humano, a través de una sucesión de pecados cuidadosamente repartidos entre sus protagonistas, a su vez como contrapunto de las virtudes que parecen adornar a estos mismos seres en el entorno de en una sociedad pacífica y ordenada.

De esta forma los distintos personajes se verán movidos siempre por la pereza, la lujuria, envidia etc. pero siempre revestidos como una venial debilidad, a cambio de su disciplinada existencia. No será hasta que las fatales circunstancias destapen los verdaderos sentimientos cuando desaparezca el menor atisbo de prudencia, justicia o cualquiera de las virtudes que adornaban tan exquisita convivencia.

Así como en sus anteriores films, -llamémosles místicos-, Bergman profundiza en las dudas del ser humano sobre la muerte, la religión o la existencia de dios, aquí de una forma un tanto ingenua (para la complejidad  habitual del director), resume casi como un cuento religioso para niños, unas actitudes que quizás precisarían de un mayor rigor. Para terminar con una alegoría rozando lo burlesco, como simplón signo del perdón divino, símbolo del amor de un dios desconocido que premia la fe ciega por encima del comportamiento humano.

Una película, que si bien excepcionalmente resulta sencilla de ver, el discurso religioso rozando lo pueril, nos muestra un Bergman más pretencioso que profundo, acomodado, eso sí, en la estética de vanguardia de los sesenta, más empeñada en aparentar complejas  incertidumbres, que en tratar de resolverlas decididamente.

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