El nacimiento de una nación

DIRECTOR: Griffith, David W. el-nacimiento-nacion.jpg
PAIS: USA
AÑO: 1915
DURACION: 110 min
INTERPRETES: Lillian Gish, Henry Walthall, Ralph Lewis

Desde el punto de vista técnico, “El nacimiento de una nación”, marcó una fecha decisiva en la evolución del arte cinematográfico. Haciendo progresar la narración gracias a una ágil utilización del montaje, del movimiento de la cámara, de las acciones paralelas, del flash-back, y toda una serie de recursos, que la intuición de Griffith incorporará a la indiscutible personalidad del lenguaje cinematográfico. Desde este momento, se rebasa definitivamente el híbrido del cine-teatro y de las estampas fotografiadas, para hablar de un nuevo arte.

Griffith basó su guión en la narración, de forma magistral en su primera parte, de los hechos históricos que desembocaron en la sangrienta guerra de Secesión. Por un lado los estados del norte pretendían la unión en una sola y poderosa nación; y por otro, los sureños, que preferían conservar su independencia y sus costumbres. A la sombra de los intereses políticos, y con el ánimo practico de ganar sus votos, los estados federales, escasos en población de color, defendían la abolición de la esclavitud; base por otro lado de la acomodada economía de los estados rebeldes a la unificación.

Con el final de la guerra a favor del moderado unionista Lincoln, y el posterior asesinato y sustitución de éste por políticos más radicales, en la segunda parte del filme, Griffith narra de forma simplona y panfletaria el abuso y la humillación, que iban a sufrir los perdedores de la contienda, a manos de una (supuesta) vengativa y manipulada población de antiguos esclavos.

Y sin ningún reparo, con acento heroico expone el “inevitable” nacimiento y actuación de la organización racista Ku Klux Klan, como protección de la indefensa y ultrajada población blanca que había defendido las ideas de la confederación.

Ante semejante alegato, es conveniente no perder de vista que Griffith, era hijo de un coronel sudista arruinado por la guerra civil, y que entre sus principios, se hallaba profundamente arraigado el desprecio por la raza negra, considerándolos como seres inferiores.

En contraste con la genial maestría técnica derrochada en el filme, sus personajes se revelan absolutamente toscos, con un esquematismo psicológico pobre, divididos simplemente en buenos y malos, sin profundidad ni matices. En conjunto la interpretación se vio coartada por los límites propios de éste primario melodrama racista, verdadero himno en honor del referido Ku Klux Klan.

En la película se proponía mostrar la amistad entre los miembros de dos familias blancas, trágicamente enfrentadas por el estallido de la guerra, al tener que tomar partido por diferente bando. Y, en este sentido, “El nacimiento de una nación” iba a constituir una pieza dramática capital, que contribuiría a atizar uno de los más candentes problemas, que entonces levantaron un verdadero escándalo, y que, lamentablemente, todavía gravitan sobre la sociedad norteamericana.

Aun partiendo de tan elementales posturas, el hecho de que el cine, hasta aquel momento distracción boba, provocase un alud de controversias y de enfrentamientos latentes en la sociedad norteamericana, daría por vez primera a este medio la categoría de poderoso vehículo de expresión. Categoría que ya no abandonará, siempre de la mano de directores y autores minoritarios, que moverán el espectáculo por los caminos del arte y la comunicación con el espectador.

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