El Padrino

el-padrino.jpgDIRECTOR: Coppola, Francis Ford
PAIS: USA
AÑO: 1972
DURACION: 164 min
INTERPRETES: Marlon Brando, Al Pacino, Rover Duvall

A finales de los sesenta y en la década siguiente, como continuación a la malograda generación perseguida por la nefasta “caza de brujas”, surge un cine de amarga autocrítica nacional, que, con más libertad que el de sus predecesores, puede expresar sus discrepancias políticas y sociales.

Ante la creciente aceptación de esta forma de ver el cine, los resortes mercantiles de la todopoderosa industria del celuloide, hacen florecer, paralelamente, un nuevo género que, conservando las formas aparentes de los “cineastas críticos”, en el fondo, atiende abiertamente al fin último de toda empresa comercial: el beneficio.

Arropados en ésta corriente impulsada por los productores y amablemente acogida por el gran público (poco inclinado a afrontar crudamente los molestos problemas de conciencia), surgen directores de impresionante calidad cinematográfica, calidad siempre puesta a disposición del gran espectáculo, con una simulada voluntad de afrontar los problemas y las frustraciones de una sociedad supercapitalizada, pero siempre de forma descafeinada, balsámica y, sobretodo, exculpatoria.

De entre los adscritos a este cine, Francis Ford Coppola, destaca con su espléndida adaptación de la novela de Mario Puzzo, “El Padrino”, que en forma de trilogía analiza brillantemente el mundo de la mafia, en un principio de forma anecdótica y recurrente, (a modo de recuperación del mítico “cine negro”), pero cada vez más incisiva y mordaz a medida que se desarrolla la totalidad de la obra.

Quizás sin la idea preconcebida de desarrollar el ciclo completo de la trilogía, en la primera entrega de 1972, y durante sus tres horas de duración, Coppola extracta al máximo la novela original, tratando de componer, con una calidad cinematográfica insuperable, la figura romántica del ganster de una época ya pasada, y apoyándose en la nostalgia, dar una visión amable del fenómeno del gansterismo, que, de alguna forma, ha pasado a formar parte de las raíces de la nación americana.

Con los inevitables relevos generacionales en las estructuras de la mafia, en esta primera parte, se deja ya vislumbrar claramente, los también inevitables relevos éticos y morales en las formas de hacer de las nuevas y más ambiciosas generaciones de la cada vez más poderosa e internacionalizada “cosa nostra”, evolución que el director italo-americano retomará de forma más atrevida y contundente en sus posteriores entregas.

Estamos, concluyendo, ante una excelente película desde el punto de vista cinematográfico, que respondió perfectamente a sus expectativas comerciales, y de la que habría que esperar a sus posteriores entregas para disculparla de la nostálgica superficialidad, que contrastaba descaradamente con la dureza del “cine crítico” que la sociedad comprometida estaba demandando en aquellos años.

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