El portero de noche

el-portero-de-noche.jpgDIRECTOR: Cavani, Liliana
PAIS: Italia
AÑO: 1973
DURACION: 112 min
INTERPRETES: Dirk Bogarde, Charlotte Rampling, Philippe Leroy

Como una secuela, surgen en los primeros setenta una serie de filmes, que a raíz de la buena respuesta, tanto de crítica como de público, que obtuvo “El último tango en París” de Bernardo Bertolucci, se adentran de una forma descarada y provocadora en el mundo del sexo y las pasiones más desatadas.

De entre una marabunta de películas oportunistas y vacías, en el que el único objetivo era la generosa muestra de epidermis femenina, destaca por su seriedad y profundidad temática “El portero de noche”, aunque no exenta de la correspondiente dosis de morbo comercial, será a la postre el más reconocido trabajo de su directora Liliana Cavani.

El argumento aúna, de un lado la situación política de los exiliados nazis que escaparon de la derrota, y de otra una historia de amor fatal y extraño que raya con el sadomasoquismo, y que pretende simbolizar la psicología en la ocupación nazi entre poseedores y poseídos.

El guión nos centra en Viena, doce años después del final de la contienda mundial. En un discreto hotel viven ocultos varios altos cargos nazis, buscados por la justicia por sus crímenes de guerra. El quehacer de éstos será la búsqueda y eliminación sistemática de todos los testigos supervivientes que pudieran delatarles. Entre las labores en el establecimiento hotelero, el film reparará en el personaje de Dirk Bogarde, ex responsable de una campo de concentración, como conserje de noche, ocupación que le permitirá permanecer en el anonimato.

Un día se hospedan en el hotel un matrimonio americano. Ante la sorpresa de ambos, el ex oficial nazi, reconoce en la mujer, Charlotte Rampling, a la entonces adolescente judía, que resultó ser su protegida en el campo de exterminio, a cambio de brutales abusos sexuales. Recreados en explícitos y morbosos “flash back”, evidentemente de cara a la galería.

El reencuentro, al contrario de lo que podría suponerse, aviva un sentimiento de pasión entre el verdugo y la victima, que se desarrollara a través de escabrosas secuencias de sexo, sadismo y consentido y deseado masoquismo.

La relación de posesión por parte del militar, y el humillante a la vez que placentero consentimiento por parte de la joven prisionera, parece insinuar la formula psicológica que dio el nefasto poder a los ejércitos alemanes, con el beneplácito, no olvidemos, de gran parte de la población europea, que se veía, a la vez que sometida, protegida por un poder superior. Una reflexión que nos lleva a la teoría ampliamente esgrimida por Eric Fromm del miedo a la libertad, frente a la erótica del poder.

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