El Rayo Verde

el-rayo-verde.jpgDIRECTOR: Rohmer, Eric
PAIS: Francia
AÑO: 1986
DURACION: 98 min
INTERPRETES: Marie Riviere

Después de su inusual y amplio reparto de personajes de “Paulina en la playa” o del sofisticado montaje de “Las noches de luna llena”, (naturalmente muy inferiores a cualquier producción comercial), Rohmer teme que su cine esté expirementando un giro, según él, hacia los estilos mas convencionales, pudiendo estar perdiendo las señas de identidad de sus orígenes, en aquella desaparecida “nouvelle vague”.

De esta forma, para el rodaje de “El rayo verde”, contará únicamente con un equipo de cuatro personas, Producción, fotografía (en 16 milímetros), sonido y la actriz Marie Riviere. El resto será figuración captada en los sitios del rodaje. Tal resultó la austeridad, que al final solo se gastó una pequeña parte del presupuesto.

La película, como el resto de la serie, se centrará en mostrar alguna de las características de la juventud del momento, en este caso en un solo personaje. A modo casi de documental, sin un guión establecido, Rohmer rueda un reflexivo estudio sobre la soledad.

Una joven parisina, Delphine, que bien podría ser la continuación de Anne en “La mujer del aviador” (quizás no por casualidad recurra a la misma actriz), se encuentra en vísperas de salir de vacaciones a Grecia con una amiga, después de haber roto recientemente con un supuesto novio.

A ultima hora, el viaje se cancelará y la joven acusará profundamente su estado de desamparo, al no estar preparada para desarrollar su vida en solitario.

El estado de ansiedad alcanza su punto culminante en una reunión con sus amigas (una colaboración de varias protagonistas de capítulos anteriores, que refuerza las señas de continuidad de la serie), que le forzaran a tomar la decisión de marchar.

Tras deambular por Cherburgo y por la montaña, sin encontrarse a gusto, de vuelta a la capital, le surgirá un viaje a Biarritz.

En un encuentro casual en la playa con una joven nórdica, Rohmer contrastará la cultura liberal y decidida de la joven sueca (en sensual top less), que no duda en ofrecerse y vivir la vida como le viene, y que resultará el contrapunto de la huidiza y esquiva Delphine (bañador tradicional), en busca de una dudosa estabilidad perdurable.

Tras este nuevo desencuentro, decide volver de nuevo frustrada a Paris. En la estación del ferrocarril, el azar le hará establecer relación con un joven sencillo y de su gusto, con el cual prolongará ilusionada sus vacaciones.

El “McGuffin” del rayo verde, (fenómeno metereológico fugaz y poco frecuente) nos dará la pista sobre la futura brevedad del feliz encuentro de la estación.

De nuevo el director, vuelve al tiempo vacío de las vacaciones, para evitar distracciones provocadas por las obligaciones rutinarias, y sin otra cosa en la que ocuparse, que encontrarse de frente con uno mismo, en este caso, (como en todo Rohmer), con la dificultad de comunicarse, de establecer relaciones con los demás, desde la educación ¿católica?, en la que prima lo espiritual sobre lo carnal, y que nos hará sufrir muy a menudo y muy intensamente el sentido de la soledad.

Aquí, la positiva reflexión sobre la deseada estabilidad de la pareja que realiza en “Las noches de luna llena” parece que sí se “llena”, pero de dudas.

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