El septimo sello

el-septimo-sello.jpgDIRECTOR: Bergman, Ingmar
PAIS: Escandinavia
AÑO: 1956
DURACION: 90 min
INTERPRETES: Max von Sydon, Bibi Anderson

El primer film internacionalmente reconocido de Ingmar Bergman “El séptimo sello”, no podía ser más que una referencia de su traumática educación infantil, en el seno de una familia donde su padre, pastor luterano, le inculcó el mundo metafísico de la religión.

Con un estilo y una temática recurrente en el mundo escandinavo y cercana a su mayor exponente Carl Theodor Dreyer, el director sueco refleja la duda eterna sobre la existencia de dios, el sentido de la vida o la inevitable muerte. A través de los distintos personajes irá desarrollando cada una de las posturas místicas del hombre.

Así pues, la película ambientada en la suecia medieval, narra el retorno de un caballero con su escudero, que hace años partieron a las cruzadas. A su regreso encuentran el país diezmado por la peste negra.

Tras su aventura en las cruzadas y la desolación presente, el caballero se enfrentará con el fantasma de la muerte, tratando de hallar a través de ella una explicación sobre la existencia de un dios y de otra vida, siempre apoyado en un razonamiento intelectual.

Su escudero, por el contrario, escéptico frente a la vida eterna, se aferrará a la existencia terrenal como única verdad irrefutable. Como tercera alternativa, el pueblo aterrorizado frente a la epidemia, optará por refugiarse en las supersticiones más absurdas en nombre de la religión. Todos ellos, frente a la inminente e inevitable figura de la muerte, vivirán cargados de miedos, dudas, infelicidad.

Mientras un cuarto grupo de personajes, compuesto por una joven pareja de cómicos y su pequeño hijo, optarán por vivir la vida tal y como la han encontrado, disfrutando de las pequeñas cosas que la naturaleza les ofrece. Al fin, serán los únicos que conseguirán, al menos, una temporal felicidad en el inexorable camino común.

Divagaciones pues sobre el pensamiento humano hacia el más allá, que ni corto ni perezoso, después de una intrigante exposición, Bergman parece no encontrar la solución, recurriendo al dogmático luteranismo de la fe y la predestinación, a través de la figura de los titiriteros y el mundo lúdico de la representación.

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