Encadenados

encadenados.jpgDIRECTOR: Hitchcock, Alfred
PAIS: USA
AÑO: 1946
DURACION: 101 min
INTERPRETES: Cary Grant, Ingrid Bergman, Claude Rains

Una vez terminada la guerra mundial, y con un prestigio en pleno ascenso, Hitchcock, sin llegar nunca a aspirar a las “superproducciones”, puede ya contar con presupuestos considerables, y sobretodo, con actores de primera fila, algo que siempre consideró imprescindible el director británico.

El argumento de “Encadenados”, aparentemente en una primera lectura, es una simple y clásica historia de espionaje, relacionada con el momento histórico de la derrota del nazismo, y la resistencia clandestina de algunos de sus grupos supervivientes.

Una joven de pasado turbio y libertino, con un padre condenado por colaborador nazi, es coaccionada para ejercer de “Mata Hari” para enamorar al cabecilla de una de estas organizaciones, y desde su privilegiada posición, transmitir la, supuestamente, vital información.

Este argumento central, le sirve a Hitchcock para desarrollar magistralmente su técnica sobre el arte del suspense. Basándose en elementos simples y concretos (una botella, una llave, una taza), “Encadenados” alcanza una atmósfera de tensión, en la que los objetos parecen cobrar una amenazadora vida propia.

Pero tras esta pantalla de “melodrama de espionaje”, más propio de películas de serie B, podemos apreciar la mordaz ironía del director, en su análisis despiadado del comportamiento y las reacciones del trío protagonista.

El “bueno” (Cary Grant), aparece en un principio como un frío agente americano. Su trabajo consistirá en conquistar a la “víctima” (Ingrid Bergman), para que, a cambio de limpiar su pasado, (en una de las más cínicas paradojas del cine), acabe acostándose con el líder nazi (Claude Reins), y conseguir la información que permita su eliminación. El “imperturbable” espía, además de conquistador resultará, a su vez, conquistado. Y ante el indigno trabajo a realizar por su enamorada, pronto se revelará como un indeciso, acobardado y simple subalterno, incapaz de impedir la humillante degradación de su amada.

Por su parte la “irredenta” mujer fácil, se convertirá, a pesar de su proceder, (a todas luces inmoral), en la autentica heroína de la historia, al arriesgar su vida y perder su honestidad por una causa supuestamente (y dudosamente) superior.

Pero tampoco se salva de las confusas paradojas el “malo”, Claude Rains, cuando a lo largo del filme, el implacable conspirador, se nos va revelando como el personaje más íntegro moralmente, fiel a su causa política, y realmente enamorado y confiado en la que acaba siendo su esposa, Ingrid Bergman.

La antipatía inicial hacia su persona, se va transformando en una especie de compasión, al comprobar en él, a una persona dominada por una madre posesiva; víctima del más despiadado y continuo engaño de su mujer; prisionero de su propio partido, y traicionado al final, en su desesperado intento de huida de la muerte segura a la que será condenado, precisamente, por sus debilidades humanas.

Lo que se puede contemplar, pues, como una muy entretenida película del ya clásico suspense “hitchcockniano”, en una más meticulosa revisión, se nos presenta como uno de sus más completos trabajos, sobre las complejas respuestas de las personas ante situaciones comprometidas. Revelando astutamente, como es costumbre en el autor, que no siempre las apariencias resultan verdaderas.

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