La coleccionista

la-coleccionista.jpgDIRECTOR: Rohmer, Eric
PAIS: Francia
AÑO: 1968
DURACION: 90 min
INTERPRETES: Patric Bauchau, Haydee Politoff

Perteneciente a su ciclo de “Cuentos morales”, especie de variaciones sinfónicas sobre el mismo tema, en los que se trata, tanto de lo que hacen los personajes, como de lo que sucede en sus mentes cuando lo hacen. La película comienza con tres prólogos, que Rohmer utiliza para presentar a los protagonistas del cuento.

La primera presentación corresponde a una joven (Haydee) paseando en bikini al borde de la playa. La cámara “acaricia” con complacencia el atractivo y sensual cuerpo de la chica, o se desliza por las transparentes y sugestivas aguas del mar, recreándose en un ejercicio de natural erotismo.

El segundo prologo nos muestra un artista conceptual (Daniel), en su oscuro estudio, discutiendo –filosofando– con un crítico de arte moderno, sobre las relaciones humanas, encerrados en su mundo intelectual.

El tercer personaje Adrien, –que hará con su narración en “off” de hilo conductor– se nos presenta como un dandy que pretende entrar en el glamoroso mundo del arte y del dinero, como galerista. La anodina conversación con su novia y una amiga de ésta sobre la belleza y el amor (o viceversa), terminará con el rechazo a la aburrida oferta de su pareja para acompañarla a Londres, prefiriendo dar un respiro a su monótona convivencia, y pasar unas solitarias y relajadas vacaciones en la villa de un amigo, en St. Tropez.

A su llegada a la mansión se encontrará con la sorpresa de que la supuestamente solitaria casa se encuentra ya ocupada por su amigo Daniel, y por la desconocida Haydee.

En el aislado paraje, el trío irá desarrollando sus actitudes, los dos hombres frente a la mujer, y ésta frente a ellos. Ambos amigos tomarán una actitud distante frente a Haydee, actitud de menosprecio, ante una joven desinhibida, sin prejuicios que toma la vida como le viene, aprovechando el azar de una forma espontánea y natural, – “coleccionando aventuras”–. La pretendida intelectualidad de Daniel, o el exquisito estatus de Adrien, irán claudicando a los sencillos y seductores encantos de la muchacha, a pesar de ellos mismos y sus principios éticos.

Las relaciones con la joven se convierten pues, en un dialogo entre lo que el protagonista de turno dice que piensa y lo que en realidad muestra la imagen, un conflicto entre el atractivo carnal de los instintos y las teorías morales.

Como en los argumentos de éste ciclo acabará triunfando la convencional postura moral, huyendo de improviso –de sí mismo– en el caso de Daniel, o volando Adrien precipitadamente a Londres con su rutinaria, pero conocida novia y rechazando la compleja materialización de los instintos.

Haydee, el catalizador de las conciencias teorizantes, continuará sus vacaciones como las comenzó, abrazada a la libertad de su naturaleza.

Ver trailer

Anuncios