La prima Angelica

la-prima-angelica.jpgDIRECTOR: Saura, Carlos
PAIS: España
AÑO: 1973
DURACION: 105 min
INTERPRETES: J. L. Lopez Vazquez, Lina Canalejas, F. Delgado

Por primera vez en su filmografía, en “La prima Angélica”, Saura afronta abiertamente su experiencia personal, que si bien planea sobre toda su obra, es en esta película donde permite que emerjan libremente de su memoria los traumas y obsesiones de un periodo de su niñez, la guerra civil, que determinará definitivamente su personalidad detrás de la cámara.

El argumento que sirve para la evocación de su testimonio es la historia de Luis, editor soltero de unos cuarenta y tantos años, que vive en Barcelona y vuelve a Segovia para trasladar los restos de su madre (fallecida veinte años antes) al panteón familiar. El reencuentro con los lugares y personas entre los que transcurrió accidentalmente parte de su infancia le hacen revivir la forzada convivencia con la familia de su madre, el comienzo de la guerra y, sobre todo, la relación con su prima, llamada Angélica.

Poco a poco los fantasmas que él creía poder dominar le van invadiendo al rememorar los terrores provocados por la educación religiosa, la represión sexual y la hostilidad de la conservadora familia materna hacia su padre, de ideas liberales y republicanas.

La película, por tanto, refleja la Guerra Civil y su repercusión sobre las generaciones que la padecieron directa o indirectamente. “La prima Angélica” es un via-crucis hacia la infancia o, lo que es lo mismo en este caso, la Guerra Civil y sus consecuencias.

No obstante, el protagonista no es tanto un personaje o unos sucesos objetivos, sino el cómo una persona encadena esos episodios desde su propia vivencia; es decir, se centra en la memoria y sus mecanismos de evocación: “Las cosas no son como las vemos, sino como las recordamos”.

Técnicamente, Saura, en su interés por enriquecer la idea de “realismo”, aspira, no solo a captar las incidencias externas, sino también el complejo mundo interior de los protagonistas. En este camino, utiliza la idea genial de hacer interpretar al personaje en los pasajes de la infancia, por el personaje adulto que lo recuerda, en una sucesión continúa de secuencias, en las que se mezclan los recuerdos con la realidad y con los errores de la memoria, evitando valientemente cualquier técnica (flash-back, fundidos, blanco y negro, etc.) que evidencie esta aparente confusión.

Y, hablamos de “aparente confusión”, porque, los errores a los que es conducida la memoria de Luís en sus recuerdos, son en realidad un acierto de su inconsciente, al relacionar directamente la España “desarrollista” de finales del franquismo, con la política fascista de cuarenta años atrás, como resultado inequívoco, la una de la otra.

En la escena final en la que Luís niño/adulto, castigado por su tío/cuñado (falangista/burgués), es reducido a golpes en el suelo a una postura fetal, es decir a un estado de extrema sumisión, da la clave de una política encaminada durante cuatro décadas a conseguir personas amaestradas, de las cuales no se pueda esperar espontaneidad, extroversión o, mucho menos, rebeldía; sino solamente docilidad, introversión y miedo.

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