Los Pajaros

los-pajaros.jpgDIRECTOR: Hitchcock, Alfred
PAIS: USA
AÑO: 1963
DURACION: 120 min
INTERPRETES: Rod Taylor, Tippi Hedren, Jessica Tandy

Hasta el estreno de “Los pájaros”, habrán de transcurrir tres años desde la última película del maestro del suspense. Años, no de descanso, sino dedicados a la meticulosa preparación, tanto del guión, como de los recursos técnicos y efectos especiales que habrían de emplearse en este rodaje. El resultado, tal vez, el largometraje más complejo de la filmografía de Hitchcock.

Una historia, en la que utiliza a los pájaros como protagonistas, cargados de un tan evidente, como confuso contenido simbólico. Aunque no hay que olvidar, que no es la primera vez que se sirve de la imagen de las aves (Sabotaje, Psicosis) como augurio de la desgracia y la mala suerte.

Esta película, junto con “Psicosis”, se puede encuadrar en el género del más puro terror, estilo, por otra parte, poco frecuentado por el director británico. Pero, esta vez, a diferencia de su anterior trabajo, el miedo vendrá del exterior. Miedo a lo desconocido, a lo incontrolable: al caos.

Las increíbles reacciones de los pájaros constituyen un vapuleo al control de lo cotidiano, a manos de lo insólito. La alteración imprevista del orden natural, pone de relieve la ridícula imagen que el hombre se otorga a sí mismo; pretendiendo ser el dueño de la realidad, se encuentra ahora abandonado en su propio desconcierto, sin esquemas y sin cómodas normas por las que regirse. El eterno tema hitchcockniano llevado al extremo: el individuo zarandeado por el azar.

La ambigüedad del filme se abre a cualquier especulación, pues la arbitrariedad de los acontecimientos es total. Todas explicaciones racionales que intentan mantener las pautas de la lógica, son ridiculizadas por el director en el bar de Bahía Bodega, con la extraña ornitóloga, como árbitro de la ciencia. Nadie puede explicar lo que sucede, ni los personajes, ni el espectador.

Para recalcar que el caos puede subyacer en lo más elemental, Hitchcock, hace protagonistas de la catástrofe, no a animales extraños y desconocidos, sino a los habituales del lugar: gaviotas, cuervos o gorriones. Los únicos pájaros exóticos que aparecen en la pantalla, los periquitos que han de servir de regalo, serán los únicos pacíficos; y serán los que, al final, sean llevados consigo en una huida llena de insinuante suspense e incertidumbre.

Estas aves diferentes (en inglés, love-birds) ¿representarán la esperanza de cambio, o por el contrario, la translación del mal adonde quiera que vayan?. No en vano, en el film no aparece la palabra “the end”, sin duda, con toda malsana intención.

Acaso cabría interpretar, que para los personajes, los pájaros son el desastre, el caos; para Hitchcock, son solamente la representación de los propios temores del hombre abandonado al azar, a la precariedad de su capacidad para controlar la vida …, a la muerte. Los pájaros no existen, son nuestros miedos.

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