Ocho y medio

ocho-y-medio.jpgDIRECTOR: Fellini, Federico
PAIS: Italia
AÑO: 1963
DURACION: 140 min
INTERPRETES: Marcello Mastroianni, Claudia Cardinale

Resulta evidente la evolución de Federico Fellini desde un cine de connotaciones sociales, heredero del más crudo neorrealismo, hacia propuestas más intimistas. Sin abandonar su crítica social, ya en su anterior “La dolce vita”, se podía intuir al propio director incluido en la vida licenciosa de sus protagonistas.

Pero el cine de Fellini se acabará debatiendo entre el crudo realismo, y un lirismo interior que con un lenguaje opuesto al anterior, se acercará al cine de autor, personal y complejo, tan en boga en la década de los sesenta, quizás como natural contrapunto al prosaico realismo crítico de posguerra.

Como primer ensayo en este sentido Fellini rueda “Ocho y medio”, una reflexión sobre la creación artística, vista desde la propia mirada del director. Así pues, mientras en otras obras podemos buscar en sus personajes referentes universales, bien históricos, sociales, sentimentales, “Ocho y medio” es cine (cine dentro del cine), y solo desde el punto de vista particular del autor.

Ya en las primeras escenas, en boca del personaje del productor, nos da la clave de lo que será el resto del film: una película sin guión, sin continuidad, sin personajes, ambigua y sobretodo personal.

La escueta trama retrata al propio director, en fechas previas al inicio de un rodaje. Recluido por supuestos motivos de salud en un balneario, nos trasmitirá de una forma original, la inseguridad, la ansiedad o el vacío, que invaden al autor de una obra al enfrentarse a su realización.

Por su confusa situación anímica pasarán desde los elementos más prosaicos, como productores, actores, técnicos, etc., hasta los oníricos recuerdos más remotos de su infancia, sin olvidar su pragmático presente, con un moribundo matrimonio o una amante de circunstancias.

El final de la presión, acabará resuelto en una antológica apología de la libertad de creación, fuera de todo contexto prefabricado por la industria, la crítica o el propio lenguaje cinematográfico.

La intromisión en sí mismo de Fellini, quizás tenga más importancia para él personalmente, que para el espectador, un ejercicio de auto análisis, que no obstante representa un severo y valiente reportaje sobre la reflexión del artista ante su obra, dejando al descubierto honestamente sus miedos, sus influencias, y como no, sus soluciones.

Apoyado en una sintaxis difícil, excesivamente particular y presuntuosa, muy de moda entre los pretenciosos seguidores de cualquier “vanguardia cultural” elitista, acabará considerada como una película de culto, –incluso, según opiniones, la obra cumbre de Fellini–, sirviendo, eso sí, de referente frecuentemente a otros directores posteriores, para reflejan su mundo interior, enfrentados con una cámara de cine al proceso de creación.

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