Psicosis

psycosis.jpgDIRECTOR: Hitchcock, Alfred
PAIS: USA
AÑO: 1960
DURACION: 109 min
INTERPRETES: Anthony Perkins, Janet Leigh, Vera Miles, John Gavin

No es de extrañar que el prolífico maestro del suspense, sin abandonar la base de su personal estilo, decidiera en un momento ya maduro de su carrera, adentrarse de forma decidida en el genero del terror, precisamente, con la que resultaría ser su película más emblemática “Psicosis”.

Un estilo que de costumbre ha sido menospreciado, pero que, (para quien le llame la curiosidad) parece ser que tiene su base psicológica en los miedos provocados por el sentimiento de culpabilidad, originado en las manifestaciones sexuales de la infancia.

Pero semejante justificación científica, no le hace ninguna falta a Hitchcock para encauzar la atención del espectador, para manipular y jugar con sus expectativas, en una historia diseñada para atrapar absolutamente su interés durante los más de cien minutos de la proyección.

La primera parte del filme, comienza introduciéndonos por la ventana de una sórdida habitación de un hotel de citas, como vulgares voyeurs. Dentro, en una soberbia secuencia cinematográfica, se desarrolla el drama de una pareja que encarna la antítesis del modélico matrimonio convencional.

Sus encuentros clandestinos, la precariedad económica, el anterior fracaso matrimonial del amante con sus inacabables consecuencias, nos harán cómplices benévolos del robo y posterior huida, que la protagonista, Marion, efectuará momentos más tarde, como solución a la angustiosa situación de furtivos en la que promete desarrollarse su inminente futuro.

Complacencia del espectador, que se refuerza con el sucesivo conocimiento de la doble moral generalizada que impera en el entorno social. No solo ellos contravienen la ética moralista en sus apasionados encuentros: el cliente robado utiliza dinero negro para evadir impuestos, trata de adquirir una casa para comprar el afecto de su hija, el jefe de Marion oculta alcohol en la oficina, ambos presumen de un próximo fin de semana de juerga, …, detalles que nos hacen tomar partido por la desdichada ladrona, a todas luces, una delincuente e inmoral ciudadana ante la justicia establecida.

Ya solamente en la primera media hora del filme, Hitchcock, nos ha presentado un completo catálogo de personajes que han echado por tierra todos los convencionalismos de la sociedad moderna, y lo que es peor (o mejor), nos ha puesto del lado que él se había propuesto.

Pero toda esta historia, no es más que otro, aunque sustancioso, juego al despiste, quizás el más completo McGuffin de su carrera. En su huida con el botín, en busca de su amado (la felicidad a través del dinero), por azar, como siempre, Marion va a parar a un escondido motel, casualmente otra vez, y sin ella saberlo, muy cerca de su destino.

El dueño del establecimiento, Norman Bates, resultará ser un psicópata, en cuya mente se ha instalado la doble personalidad de su madre, en un claro conflicto edípico. Esta doble personalidad materno-filial hace eliminar sistemáticamente a las mujeres por las que es atraído el hijo, en un inconsciente ataque de autocelos. Trama que un psiquiatra explicará innecesariamente al final de la película, en una escena que sobra, sin duda alguna, en tan inteligente desarrollo, (¿quizás una retórica concesión para espectador extraviado?).

En un agobiante clima del más clásico terror, Hitchcock, pone en angustioso relieve, uno de los tabúes más sólidos de la cultura occidental: el sexo y la relación maternal. La imperiosa necesidad de liberación de los instintos y el placentero cobijo de la madre, el conflicto entre el ansia de volar y el miedo a la libertad (los pájaros disecados), en Norman Bates, se acabarán fundiendo estas incertidumbres en una incompatible y aberrante confusión final.

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