Sospecha

sospecha.jpgDIRECTOR: Hitchcock, Alfred
PAIS: USA
AÑO: 1941
DURACION: 105 min
INTERPRETES: Cary Grant, Joan Fonatine

Por varias razones, pocos filmes de Hitchcock han suscitado un debate tan animado como “Sospecha”. Por un parte, la ralentización de la acción , con respecto a otras de sus producciones anteriores, para centrarla más en el aspecto psicológico, puede parecer que estemos ante una película lenta.

Por otro lado, las confusas conclusiones por las que nos lleva el director a lo largo del filme, para acabar finalmente de una forma, al menos, inesperada. Y, por último, las declaraciones que el propio Hitchcock ha mantenido sobre su “final feliz”, impuesto por la productora, ante la inconveniencia comercial de maldad alguna en los personajes de su estrella Cary Grant.

En el argumento, Lina, (Joan Fontaine) es la hija tímida y poco atractiva de una rica familia acomodada, rígida y tradicional. Contra la voluntad de los padres, ella acepta casarse con un joven (Cary Grant) libertino, derrochador e irresponsable, pero muy seductor, y en el que ve la solución su frustrante soltería. Poco después de su boda, Lina, descubre la verdadera personalidad de su marido, y empieza a sospechar que está tratando de envenenarla por motivos económicos. Pero está equivocada y la película terminará en un confortable, a la vez que sorprendente, “happy end”.

A propósito de este final, con una apariencia demasiado relajada, en contraste con el suspense desarrollado durante el filme, Alfred Hitchcock, siempre sostuvo que en el final por él pretendido, Lina accedía a ser envenenada conscientemente y por amor. No sin antes denunciar al marido en una carta dirigida a su madre, y que pedirá al propio Cary Grant, que ponga él mismo en el correo. La última escena sería pues, la del marido homicida saliendo a pasear, una vez asesinada la esposa, y echando a un buzón ingenuamente la comprometedora carta de su mujer.

Sin embargo, un estudio cuidadoso, ha llevado a algunos críticos a opinar, que esta última versión, no dejaría de ser una excusa ante los frecuentes reparos de la crítica al final elegido.

De hecho, si nos hubiera presentado a una mujer que sospecha con razón de su marido, la película solo sería la historia de una pasión loca, que acaba en la muerte. Con el final definitivo, Hitchcock, nos obliga a revisar todos los acontecimientos anteriores, para llegar a la conclusión, de que en realidad estamos ante una neurótica, frustrada por su soltería y por la rigidez de su familia.

Durante la película hemos asistido a una serie de acontecimientos, más o menos inofensivos, pero que la desbordante y enfermiza imaginación de Lina ha transformado (y nos ha hecho transformar), en verdaderos juicios temerarios. En realidad pues, la versión definitiva resulta más congruente con la compleja filosofía del director, aunque ciertamente sea menos vistosa e impactante que la que se quedó en el tintero.

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