Teorema

teorema.jpgDIRECTOR: Pasolini, Pier Paolo
PAIS: Italia
AÑO: 1968
DURACION: 93 min
INTERPRETES: Silvana Mangano, Terence Stamp, Massimo Girotti

La imparable evolución que se produce en la década de los sesenta hacia el llamado “cine de autor”, tiene uno de sus principales viveros, –si no su origen–, en el cine italiano. Aquellos que comenzaron su carrera en el neorrealismo, verán agotarse las posibilidades de éste (o más bien cuestionadas por la moda), y comenzarán un giro hacia una obra más personal e introvertida, apoyada en un lenguaje farragoso y ambiguo, quizá como impotente contrapunto a la claridad del realismo anterior.

Entre ellos, no podía faltar Pier Paolo Pasolini, que tras un magnífico comienzo en un cine de contenido social, continuará con particulares incursiones en adaptaciones de los clásicos, para culminar su confusa espiral “de autor” con dos obras propias “Teorema” y “Porcile”, en las que vuelve a redundar en sus obsesiones políticas, sexuales, y como todo buen ateo, religiosas.

En “Teorema”, la película comienza con un prologo en el que pone en entredicho a la izquierda obrera italiana, acusándolos directamente de potenciales burgueses, cuyo objetivo sería fundamentalmente reemplazar al empresario.

Tras tan directa introducción, el film se centra en una farragosa historia, cargada de metáforas, en la que a través de una familia acomodada y una hipotética relación espiritual, hará un repaso de las hipocresías que fundamentan la sagrada institución de la sociedad del bienestar, desde la familia hasta la empresa, incluyéndose a sí mismo, de paso, en el privilegiado apartado del arte.

Así pues, una acomodada familia recibirá la visita de un desconocido huésped, quien se instalará en ella con toda libertad. La bondad y el carisma del extraño visitante (alegóricamente un ángel con el que todos comulgarán sexualmente), irá seduciendo a cada uno de los componentes de la casa.

Su brusca marcha, dejará al descubierto las miserias más humanas que su presencia había hecho aflorar, y que todos ellos trataban de ignorar u ocultar. La incapacidad pueril de la hija, la incontinencia sexual de la madre reprimida, o la insufrible postura del padre como macho dominante, que acabará renegando de todo bien material en medio del desierto (final que enlaza con el prólogo inicial).

Mención aparte merece la figura de la criada, que como clase trabajadora, la catalizadora visita divina la acabará encumbrando (o ridiculizando) como santa y milagrosa mártir de la clase obrera.

Pero sobretodo, será el personaje del joven hijo de la familia, en el que se adivina un evidente paralelismo con el propio director. Así pues el desarraigo de la madre, el descubrimiento de una latente homosexualidad, con una sórdida aceptación, y la dedicación posterior al mundo del arte, con un concepto farsante y embaucador de las vanguardias artísticas, –en las que se encuadra el lenguaje de la propia película–, nos dan una clara señal de su turbulento mundo interior.

Quedando pues todo el film como un metafórico retrato, con el director incluido a sí mismo en el engaño que supone la ética occidental: capitalista o comunista, burguesa o trabajadora, religiosa o atea, pero siempre de espaldas a la dificil complejidad del ser humano.

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