Un lugar en el mundo

un-lugar-en-el-mundo.jpgDIRECTOR: Aristarain, Adolfo
PAIS: Argentina
AÑO: 1991
DURACION: 120 min
INTERPRETES: Federico Luppi, Jose Sacristan, Cecilia Roth

El exiguo panorama cinematográfico en Latinoamérica, debido a la falta de recursos y a la inestabilidad política, parece que en la década de los noventa retomará el aliento de la mano de coproducciones con capital español. De esta forma, además de la financiación, quedaba asegurada la distribución en Europa a través de la (precaria) infraestructura este país.

Uno de los primeros autores que con más fuerza surge de esta alianza será Adolfo Aristarain, y con él, un buen puñado de actores, que acabarán realizando su carrera a caballo entre Madrid y Buenos Aires.

Quizás la película que refrendó al director argentino definitivamente fue “Un lugar en el mundo”. Aunque coproducido con España, la película es enteramente argentina, tanto en su localización, como en su temática.

Una serie de personajes de ideales libertarios, que han sido desplazados de los grandes centros ciudadanos (universidades, hospitales, etc.), acabarán apartados en un humilde rincón de la Pampa, donde encontrarán el caldo de cultivo para desarrollar sus propuestas sociales con la población autóctona.

El catedrático reconvertido en maestro de escuela, su mujer médico que remedia como puede a una población sin recursos, o la monja militante en la teología de la liberación, tratarán de restituir la dignidad de los campesinos, ante la prepotente superioridad de los terratenientes.

Visto así, el film se podría calificar como panfleto izquierdista sin más, pero tras la excusa del discurso ideológico, subyace unas relaciones personales muy enlazadas con la coyuntura histórica del pueblo argentino, por una u otras causas, desarraigado desde sus orígenes. El film, pues, pasa a constituirse en una reivindicación de un lugar propio en el que se desarrolle la persona sin persecuciones, exilios o miserias.

En cuanto a la forma propuesta, un socialismo libertario, la historia deja muy pocas esperanzas, solamente unos pocos utópicos permanecerán fieles al ideal de su tierra prometida, los demás acabarán adaptándose a las exigencias del guión que impone el mercado.

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